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Lo que me llevo

Muchos de vosotros me habéis comentado en Twitter cuánto os gustó conocer a mi niña de las montañas. Cuando volví a verla el jueves pasado en la tele, entendí dos cosas: La tele es lo suficientemente poderosa para haceros llegar ese momento único, pero también es ciertamente limitada para poder captar la intensidad total de esos abrazos, de sus respuestas, el brillo de sus ojitos oscuros bajo su pelo rubio... Aprovecho para deciros que ella era mucho más especial aún de lo que visteis, que era un ángel pequeño en la montaña y que algo en ella sabía que un millón de personas la verían a través de aquella cámara. Era mágica, única... una niña feliz.