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El cierre: La conspiración educativa

Llevamos prácticamente nueve años viéndonos las caras todos los domingos. Ha ocurrido algo sorprendente hace un par de semanas. Tocábamos el asunto del debate sobre la conspiración en el sistema educativo. No pretendía señalar a nadie, ni muchísimo menos. Pero debemos aprender de una cuestión que no se suele comentar mucho. Nueve años y no recuerdo un eco similar. Tanto ustedes como yo somos dados a reflexionar. Nos gusta pensar y desmenuzar en torno a las cosas. Hemos tocado en estos nueve años todo tipo de temas. Algunos muy espectaculares, algunos que uno piensa que pueden sobrecoger pero yo prefiero entusiasmar a sobrecoger.
Con el debate de educación pasó algo extraordinario. Nos llegaron cientos de emails en apenas unas horas. Emails de profesores, educadores, alumnos y de padres de todos los rincones de la tierra. Ir leyéndolos es una experiencia extraordinaria. De no existir esa conspiración no se hubiese producido esa reacción. Padres diciendo "lo sabía". Profesores diciendo "ya era hora". El mérito es de los protagonistas que intervinieron cada uno con sus teorías.
Decía el profesor José Carlos Aranda qué tiene que saber un niño a los cinco años. Jugar. Estamos viendo que en los últimos tiempos un niño de cinco años tiene que saber muchísimas cosas. No sé cuántos deberes tiene que hacer y cuántas presiones tenemos que meterle desde tan pequeño. ¿Será eso una enfermedad de la sociedad? En todo este tiempo he visto todo tipo de reacciones pero nunca he comprobado una unimidad tal. Todos hemos sido educados y estamos educando a nuestros hijos en este sistema. ¿Tenemos derecho a dudar del sistema o a dar nuestra opinión? Aunque esa opinión no sea la mayoritaria. El impacto de los que están intranquilos o no están de acuerdo es enorme. Quizá sea un primer paso para ese cambio necesario.
Me gustaría rematar esta reflexión y este agradecimiento uno de los muchos encuentros con personas normales y corrientes. Iba por el retiro con Carmen y nuestra hija y me encontré una madre que también iba con su hija. Nos pusimos a hablar y me valió de mucho la conversación casi de media hora con esa mujer. Sin haber visto el programa me estaba contando por su propio conocimiento todo lo que nosotros habíamos relatado ya con los profesores. Ella me decía: "Tengo problemas hasta con mi marido porque en su familia piensan que hay que ser muy estricto, que la niña con dos años y medio ya no puede dormir con nosotros en la cama, que no se la puede mimar mucho, que hay que dejarles llorar...". Yo no soy un experto pero esa mujer sí que tenía una inquietud de que creía que no lo estaba haciendo bien. Era el ejemplo perfecto de "como mis amigas lo hacen". Pero el nexo que tiene como madre le estaba indicando a ella que no estaba haciendo lo correcto. Que a ella le pedía el cuerpo y el afecto otra cosa.
¿Es mejor el afecto por exceso que por defecto? Esta mujer representaba tanto en su grupo de amigas como en su sociedad esos estereotipos de los que yo hablo a veces. Se hacen las cosas sin saber si realmente quieres hacerlas. Se hacen porque lo hacen otros o por el consejo del mayor o de la familia. Pero ella se confesaba conmigo diciendo "yo creo que esto no es". "Estamos en una sociedad que quiere hacer a los niños mayores de inmediato", me decía. ¿Por qué la sociedad quiere que los niños sean niños muy poco tiempo? ¿Para ser consumidores más activos? Estamos reduciendo la infancia si la comparamos con la nuestra.
Todo este sistema que se acepta para justificarse uno mismo lo que quiere es tiempo para los padres. Tiempo para que papá trabaje más, para que mamá esté en el gimnasio o para que también rinda más en el trabajo. En la antigüedad, durante la educación de los hijos uno entregaba su vida. La sociedad de ahora aparca a los niños porque quiere tiempo para sus cosas. Por ejemplo comprar, que es muy importante. Con esta mujer sentí que hay muchas mujeres que están dejándose llevar y ellos de corazón no lo harían así. Estas mesas de debate que no se suelen hacer, lo que pretenden es que uno reflexione y sea valiente para sobreponerse a lo que su entorno le indica.
¿Qué es más importante, seguir la corriente o darlo todo para que tu hijo sea feliz? ¿Estamos educando a nuestros hijos como una pieza más del sistema y para nuestro desahogo? Sintiéndonos muy bien para que en ningún momento sospechemos que no estamos dando todo el afecto a nuestros críos. Preguntas vitales y muy misteriosas. La dejo ahí para que ustedes piensen esta semana. Hasta dentro de siete días amigos....