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HORROR Y TEATRO, PURO TEATRO

En pleno debate sobre la actuación del Gobierno en la crisis de controladores y con la espina dorsal rígida después de una fuerte discusión con una controladora convencida de vivir en una Dictadura que la aboca al sabotaje, vuelvo a mi mesa de trabajo y escucho por los monitores de televisión los  gritos de los chilenos atrapados en una cárcel que ni siquiera se puede llamar tal. Decenas de muertos abrasados  intentando una liberación imposible ante la desesperación de sus familias que han presenciado la tragedia en directo.
 
Confirmado el horror, aparecen las imágenes de la cárcel antes del siniestro. Imposible una jaula más sórdida y degradada. Cien internos en veinte metros cuadrados, violencia,  enfermedades, suciedad... cinco funcionarios para casi dos mil excluidos del mundo que por el hecho de estar presos se da por hecho que han perdido la dignidad y que no tienen por qué importarnos. 
 
Con las imágenes de esta tragedia se me ha caído la supuesta modernidad de Chile, un sistema carcelario tan degradante dice mucho de un gobierno, de un país. Es verdad que Piñeira lleva poco tiempo en el poder, pero esta hez de la sociedad le pone también en cuestión. Hace palidecer la imagen de los mineros rescatados con tecnología de la NASA en presencia de unas autoridades supuestamente  audaces, comprometidas con los débiles. Ahora parece una mascarada por la paradoja que supone la existencia de una cloaca semejante que no podían ignorar.  La sensación de que todo se hace de cara a la galería, a la efímera gloria que da la notoriedad de los medios, convierte las apariciones políticas en teatro, en puro teatro.