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UNA GRAN OPORTUNIDAD

 
Las crisis pueden ser una gran oportunidad, ¿qué original, verdad?. Algo de voluntarismo puede haber en esta afirmación pero, como casi siempre, un matiz puede cambiarlo todo. Se puede jugar a aportar algo, a ser protagonista de tu propia historia o a ser víctima del capricho de los vientos. He hablado mucho en las últimas horas de la situación de los medios en estos momentos tan convulsos pero tan interesantes. El ruido es mucho en algunas programaciones, el ruido va ligado al medio televisivo; bien es verdad que se ha vendido mucho escándalo, mucho circo, tanto que a veces ha solapado la cantidad de cosas interesantes que hay en emisión y no sólo en el pago, con verdaderas joyas en series y documentales, sino también en las televisiones generalistas. A pesar de la cansina imitación, hay hallazgos y apuestas, aunque en tiempos de crisis los nervios afloran y el miedo hace que se exijan resultados de audiencia inmediatos. Y eso llega a pervertir los contenidos.
 
En estos tiempos de mudanza creo como nunca en perseguir la autenticidad ante la tentación de convertirlo todo en un teatrillo. La televisión es espectáculo, tiene que ser rica, entretenida, ágil, pero puede ser veraz, puede ir a la raíz de los problema sociales que ahora están en primer plano y que nos tienen a todos en ascuas, puede ser conciencia crítica, utilizar el talento con fórmulas que pongan en valor un arma extremadamente valiosa. Porque llega a todos, porque tiene una sustancia democrática y más ahora que podemos interactuar, porque , definitivamente, tiene peso en la visión de un mundo que hay que construir entre todos.