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El monstruo (1 de 3)

Hola amigos, os escribo la última crónica desde la península del Yucatán, aquí estará nuestro Desafío Extremo, bucear a través de cuevas y un sistema de galerías todas inundadas, que ocupan el mayor complejo de espeleo buceo del planeta, y el objetivo, alcanzar buceando en este peligroso y a la vez maravilloso sistema cárstico la estalactita sumergida más larga conocida. Para ello habrá que recorrer en absoluta oscuridad, y siendo autosuficientes los 1.200 metros de recorrido entre ida y vuelta.

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Los acontecimientos sucedieron así:

Mi preparación ha sido muy intensa, sin apenas tempo para descansar, de hecho no hemos tenido ni una sola jornada de descanso. Tenemos 10 días para alcanzar el entrenamiento necesario, un curso muy intenso a cargo de cuatro expertos buceadores, de lo mejor: Oscar, María, Vicent, y Jaume me han ayudado lo increíble para mi puesta a punto y poder abordar este desafío tan radical. Es la modalidad de buceo más peligrosa que existe. Hemos buceado en varios cenotes, cada uno distinto, y siempre hemos ido complicando la actividad. He tenido que aprender a orientarme de bajo del agua sin luz, a manejar carretes de hilo de vida, equipos más sofisticados que nunca antes había visto, y el protocolo de actuación dentro de galerías donde no entra ni un rayo de sol. Este buceo que haremos se llama “full cave”, y es la versión más “heavy”.

Mi suerte, contar con mis cuatro amigos para el aprendizaje intensivo, y creo estar a punto para el Desafío, pero la última palabra la han tenido ellos, confirmándome, ¡que estoy listo!

Amaneció el día 26 de marzo, viernes, el día del Desafío. He pasado una noche incomoda con sueños nada agradables, en los que algo nos pasaba, cosas de la cabeza cuando te enfrentas a algo difícil, pero sobre todo peligroso. A las seis de la mañana estaba dando vueltas por la habitación con mucha ansiedad, nunca antes he penetrado buceando en una cueva tantos metros…

Hacer todo muy tranquilo, beber, más relajación, y así una hora después estamos metiéndonos en el Cenote Chack Mool.

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Comenzamos la inmersión, es extraño para mí no tener a Emilio Valdés mi amigo y cámara que me acompaña a todas partes, él tiene que filmar la entrada y salida del cenote, y noto su ausencia, son muchos años juntos y aprecio mucho su cercanía. Todo esta vez es diferente y hostil…

Primer error nada más sumergirme: me acelero de una manera alocada y en vez de mantener mi posición que es la del número tres, pues Vicent va el primero, María la segunda, yo el tercero, Jaume el cuarto y Oscar por libre filmándonos. Es increíble que adelantara a María y Vicente y no me diera cuenta. Es tal la ansiedad que tenía que sólo focalizaba hacia delante y no pensé en más. María me manda pararme, coger aire, relajare y que bucee mas despacio o consumiré demasiado aire, y no podré llegara a la estalactita sumergida más larga del mundo.

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¡Por fin consigo el ritmo! Ahora voy más relajado, y puedo disfrutar de las maravillosas formaciones de esta enorme galería, que en muchos puntos se estrecha y hay que pasar con mucho cuidado o golpeas en el techo o suelo, algo prohibidísimo en este tipo de buceo, si aleteo cerca del suelo con la técnica inadecuada y levanto lodo no se verá nada.