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El monstruo (3 de 3)

Qué pedazo de monumento natural, ¡qué tamaño! Cómo impresiona esta estalactita colgando de una bóveda, es irreal, algo majestuoso.Y qué diferente la sensación de contemplar esto en estado de ingravidez, flotando. Que diferencia de hacer espeleo sin agua, a hacerlo de este modo: floto, subo, bajo, me giro, me vuelvo a girar, no quiero perderme ni un solo detalle.
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Empleamos 10 minutos de filiación solo en la estalactita. Ha sido sublime, verla, metida entre un haloclina, que la hacía aún más irreal. Es la primera vez que “floto” dentro de una montaña. Que sensación amigos y que fortuna poder ver esto…

Ha sido muy duro el entrenamiento, muchas dificultades, agobios, adrenalina, sacrificio, y cómo no, miedo a lo desconocido. Ha sido la modalidad de buceo más radical y peligrosa, pero ha merecido la pena solo por ver esta maravilla de nuestro planeta.
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Toca regresar, y por delante nos queda el mismo camino recorrido, una hora de ida, y otra de regreso o algo más, pues tendremos la corriente en contra.El camino de vuelta fue más cansado, pero con el aliciente de haber conseguido el desafío, y que ahora cada aleteo es regreso, es más cerca de la entrada, es más relajación, es menos metros para estar a salvo, es una felicidad!! De hecho hacemos cálculos de aire y nos da tiempo incluso de hacer un “salto”: es decir, salirnos de la línea principal y meternos en una galería secundaria lateral, para explorar un poco, parece ser que a mis amigos se les termina la adrenalina y buscan mas, ¡que tíos…!

Llegamos a una pequeña sala de preciosas formaciones a través de pasos angostos, y tiramos muchos metros de hilo de vida, hasta que por fin y para mi alivio deciden parar, pues las burbujas desprendes trozos de calcita del techo y empieza a nevar, es igual que si nevara de la cantidad de escamas que caen, hasta el punto que no te dejan ver nada, teniendo que agarrar la línea de vida para no perderte. Decidimos retroceder en busca de la línea principal. Sí que se han tomado en serio mi preparación, ya no me falta de nada…

Por fin después de atravesar una gran haloclina que me dejó ciego, aparece muy al fondo un pequeño punto..¡Es la luz! Es la entrada de la caverna, y la que será nuestra salida. No os podéis ni imaginar qué pedazo de relajación me entro. ¡Ya está! Estamos de regreso vivos.
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Después de estar más de dos horas en esas grutas oscuras, al ver la luz del sol entrar por el cenote, me ha parecido lo más hermoso del planeta. Desde el fondo de la apertura del cenote, como las aguas son cristalinas, se pueden ver los árboles, el cielo, el sol, mi amigo Emilio…Emergemos los cinco a la superficie, y gritamos de alegría con Emilio. Hemos conseguido un Desafío muy claustrofóbico y no apto para cardiacos. Alcanzamos después de 1.200 metros de buceo extremo la estalactita sumergida más larga de la tierra.

Ha sido algo muy grande para todos, hoy dormiremos tranquilos, toca disfrutarlo, antes llamaré a mi madre que está intranquila… Nos vemos muy pronto, en apenas una semana, en otro Desafío Extremo, aún más espectacular si cabe.

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