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Los mares más terribles del planeta (3 de 3)

Por fin en un friísimo amanecer llegamos a la mítica Isla Elefante después de cuatro infernales días de mareos, vómitos y cuerpos muy castigados. La llegada a la Antártida ha sido siniestra: niebla cerrada, nevando, cielo cubierto, mar embravecido, y un frío atroz. Hemos intentado desembarcar y no lo hemos conseguido, la fuerza del mar y el fuerte oleaje hacía imposible que con la pequeña barca neumática nos dejara arribar a tierra. Hemos visto los descomunales glaciares que descienden directamente al mar, a tan solo 20 metros, pero sin poder tocar la pequeña playa de piedras.
La expedicion desembarcando en el Cabo de Hornos
Todas las rocas están repletas de pingüinos, cormoranes, focas, y demás habitantes de esta parte del mundo. Esto es isla Elefante, una isla siniestra, donde se produjo en 1914, una de las historias más increíbles de supervivencia de la humanidad.
Sakelton partió con sus hombres a la Antártida con intención de atravesarla desde el Mar de Wedell hasta el mar de Ros por el medio del continente antártico, pero se vio atrapado muy pronto por el congelamiento prematuro del océano, y pasó más de un año, hasta que el hielo dio paso al agua líquida. En ese tiempo su barco quedó destrozado y se hundió en las profundas aguas. Él, y su tripulación, consiguieron rescatar dos pequeños botes a remos y víveres. Navegando alcanzó esta isla Elefante. Fijaos bien: zarpó en el año 1914, pasó dos inviernos, hasta que en el 1916 llegó a isla Elefante, y con sola una embarcación a remos y un sextante nadie se explica cómo llego a Georgia del Sur a unos 1.500 kilómetros, en las mismas puertas del segundo invierno. Cinco meses después y con muchos problemas, pues se había iniciado la Primera Guerra Mundial, consigue un barco que rescata al resto de la tripulación que vivió debajo del segundo bote comiendo pingüinos y sin poder calentarse nada, pues no había madera para quemar.
Dos inviernos de supervivencia en la Antártida.
Jesus Calleja en su guardia en el puente d emando
Nadie murió, aunque meses después cuando llegaron a Inglaterra se alistaron en el ejército, cuando Europa estaba sumida de pleno en la Primera Guerra Mundial y casi todos después de esa heroica súper vivencia murieron abatidos por el enemigo. Una vez más la sinrazón de la humanidad deja su huella.
Zarpamos de la Isla Elefante ante la imposibilidad de bajar, y durante un día más de navegación, la más terrible de todas las jornadas sin duda alguna, donde nadie ha pegado ojo, pues esta vez sí que nos dijimos que algo nos pasaría, pues no era normal los violentos movimientos de nuestra cáscara de nuez, llegamos a Isla Greenwich, donde se encuentra la única bahía que nos protege del temporal que lleva 24 horras azotándonos. Esta bahía se llama Yanki.
Hemos contactado por radio con una base chilena y nos recomiendan que no nos movamos de esta posición pues en las próximas 36 horas habrá un fuerte temporal con vientos de más de 100 kilómetros por hora. Sin duda alguna no nos vamos a mover pues a estas alturas del viaje estamos molidos de tanto movimiento, por lo que nos tomaremos estas 36 horas para descansar, escribiros esta crónica y preparar nuestro equipo de escalada.
Esta vez os escribiré mas tarde pues no voy a portear los equipos satélites, excepto el teléfono portátil por si nos ocurriera algo y además poder llamar a nuestro velero y darle la posición donde necesitaremos que nos extraiga, porque el siguiente DESAFIO EXTREMO, es alcanzar algún punto la isla de Livingston, buscar la manera de desembarca entre tanto glaciar colgante gigantesco, y atravesar la isla de norte a sur, escalando por el medio alguna de sus montañas más elevadas, para descender al otro lado de la isla y encontrar la base española.
Será a priori y a falta de seguir haciendo comprobaciones la primera travesía que se realiza de norte a sur por donde queremos hacerla. También escalaremos posiblemente la montaña más alta de esta cordillera que cruza la isla y encontraremos un paso para descender al plató que nos llevará a la Base Antártica Española.
Por delante muchos retos, y sobre todo desconocimiento. Nadie tiene referencias de esta ruta, tenemos que buscar un itinerario salvando enormes grietas de glaciar, una característica de la Antártida las enormes grietas tanto en longitud como en anchura. Tendremos fuertes vientos, típicos de estas latitudes, nieve, hielo, mucho frío, y un cielo plomizo, es muy difícil ver el cielo azul. La única ventaja es que hay sólo tres horas de oscuridad y no llega a ser plena. Por delante un imponente Desafío, del que os seguiré in formando como siempre. Estar atentos amigos a las siguientes crónicas. Jesús Calleja desde la Península Antártica.