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El encuentro con el "Yeti"


La tierra de Dolpo.



recorrer en tres días 120 kilómetros y además escalar una montaña de más de 6.000 metros.


Anciano de Dolpo

Nos metimos esta caña en tan pocos días porque los conductores de la caravana de Yaks, la última de la temporada, sólo nos esperarían cuatro días. Si no estábamos de regreso el día convenido, ellos se irían y se cerrarían todas las puertas para salir del alto Dolpo, lo que supondría hibernar aquí o buscarnos la vida de otra manera, como por ejemplo contratando un helicóptero (vete a saber cuándo vendría y además habría que pagar un pedazo de pastón que no nos podemos permitir).
Celebrando una boda en Chraka Bhot


Dicho y hecho.

A partir de medio valle nadie sube ya que la altura es extrema y no hay nada que interese a los habitantes locales.


Pasamos todo el día a la grupa de los caballos, con unas sillas precarias, recorriendo senderos escalofriantes, con abismos de tal magnitud que, si el caballo tropezara, nada podríamos hacer. Desapareceríamos en las fauces heladas de estos cañones de los que no se ve ni el fondo.
De charla en un tejado antes de que lleguen las grandes nieves en Dolpo

vecinos de Charka Bhot
Parece que quieran escalar la montaña arrastrando a los caballos.


Lo conseguimos a base de insistencia.

Somos concientes de que nos adentramos en un lugar remoto, muy aislado. Ni siquiera estas rudas gentes que se conocen cada rincón quieren adentrarse en este valle que no tiene nombre.
Mi sombra reflejada en los glaciares cimeros

Alcanzamos una altura de 5.100 metros
Nos dirigimos al Arniko Chulé, una montaña de más de 6.000 metros



Pero alguien grita…
Es el hombre de los caballos

El agujero es profundo.


¡y lo hace a conciencia!

El rostro del hombre de los caballos es un poema. Mira a todos lados como intentando descubrir al Yeti. Nosotros nos reímos y hacemos bromas pero él nos mira desconfiando. No le hace ninguna gracia que nos lo tomemos a risa, así que cambiamos nuestra actitud y le damos veracidad al asunto. Sólo entonces se queda a gusto y nos habla de mil historias del Yeti.
Niño de Charka Bhot

En nuestra opinión debe de ser algún tipo de oso. Las marcas de garras y alguna huella más o menos clara nos hace pensar que se trata de un oso aunque, para no perder la magia del lugar, cuando veamos algún boquete más (como nos sucederá más adelante) siempre nos referiremos al Yeti. Así no ofenderemos a nuestro conductor de caballos.
Está claro que viajamos por una tierra indómita plagada de historias fantásticas, de leyendas que se mezclan con realidades difíciles de comprender para nuestra mente analítica. Es la tierra de los corderos azules (que hemos visto a montones), la tierra de las amapolas azules, de una forma de budismo antiquísima que se llama Bon y utiliza el azul en sus ritos. Es la tierra en la que hemos oído historias del Yeti y casi lo hemos visto, además de las mil y una cosas más que nos sorprenden cada día.
Nos dicen que esta cueva la ha hecho un Yeti buscando a una marmota fue hace tres dias y un dolpa le vio

Allí estábamos nosotros, contemplando la luna llena al calor de la hoguera que Phunchok prendió con las boñigas de los yaks, a -18º, intentando cenar alguna que otra cosilla porque los víveres ya están muy escasos. La noche es brutal, inmensa. Nos impone a esta altura y en este valle tan alejado de todo.
Es cierto que el frío es intensísimo pero a lo mejor lo utilizamos como disculpa porque en realidad cerramos para que no entre el Yeti

pero que muuuuy largo…