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Sacrificios humanos, misterior mayas y cenotes inexplorados (1 de 3)

Hola amigos, seguimos mi curso intenso de penetración en cuevas o “full cave”.

El desafío es alcanzar la estalactita sumergida más larga del planeta, y para ello mis amigos Oscar, María, Jaume y Vicent, me están ayudando a que pueda afrontar el reto con las máximas garantías de seguridad. Ese es el buceo más peligroso que existe, y para ello nos hemos venido a la meca del espeleo buceo en la península del Yucatán, en México.

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Todas estas cuevas y galerías están inundadas, y para visitar los secretos que esconde hay que sumergirse en sus peligrosas aguas y buscar en el laberinto de pasadizos que se abren por todas partes.

Esta es la razón por la que es peligroso. Con esa autonomía hay que conseguir llegar a esta estalactita llamada “el monstruo”, aplicando la norma de los tres tercios de gestión del aire: un tercio para llegar, un tercio para regresar y otro tercio de reserva para lo que pueda ocurrir.

Esto no es posible realizarlo sin la preparación adecuada que es muy exigente, y en eso estoy precisamente; solo que tengo la suerte de tener a cuatro de los mejores en esta materia dándome mucha “caña”.

Amigos hoy tengo una noticia muy buena: ¡esta tarde me han dicho que estoy apto para el intento! Mañana lo intentaremos… No puede existir ni un solo fallo. Llevaré 200 atmósferas de aire comprimido, y esto quiere decir que sólo puedo emplear 66 en llegar al objetivo, 66 en regresar y 66 de reserva; o lo que es lo mismo: tendré 4.800 litros de aire, que a la presión que respiraremos debajo del agua, consumiré mucho más que en la superficie, que es entorno a los 20 litros minuto. Llegaré a consumir unos 50 litros minuto en ocasiones.

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Es de vital importancia que ahorre mi consumo: no provocando estrés, no aleteando más de la cuenta, nadando en posición aerodinámica, ahorrando fuerzas sin excesos, regulando mis pulsaciones cardíacas, en fin será un control total físico y mental.

Tengo que tener claro que en el momento que llegue a los 66 bares consumidos me tendré que dar la vuelta en el punto donde me encuentre sin conseguir el desafío.

A todo esto hay que añadir que habrá zonas de escasa o casi nula visibilidad por las haloclinas (punto en el que se encuentran las aguas dulces de la capa superior y las aguas saladas procedentes de las filtraciones del mar, que son más densas y pesadas, el punto de encuentro provoca una gran turbulencia que no deja ver nada, es como si tu vista desenfocara completamente). Y sobre todo no aletear cerca del fondo, pues las partículas que se levanten no dejarán ver ni a 50 cm.En fin será un Desafío mayúsculo…

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Pero antes os contaré cómo han sido los entrenamientos desde la última crónica: Hemos viajada a la ciudad de Mérida, la más grande de la península del Yucatán, pero antes pasamos por otra ciudad llamada Valladolid .Todos estos nombres proceden de cuando llegaron los españoles. Mérida toma el nombre de cuando llegamos por primera vez y vieron las ruinas de las ciudades mayas, que se parecían a las ruinas romanas y como eran de Mérida la bautizaron con el mismo nombre.En esta parte del Yucatán hay unos 3000 cenotes, estando casi todos ellos vírgenes, es decir: nadie los ha buceado. Otros son conocidos.

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Nuestra intención es entrar en un cenote llamado San Antonio, que sí es conocido y completamente explorado pero, ¿por qué queremos entrar allí? Pues porque se accede a través de un pequeño pozo que los antiguos mayas utilizaban para sacar agua, y sobre todo para arrojar los cuerpos de las doncellas, niños y mayores que sacrificaban, y se ofrecían a los dioses del inframundo, para que trajeran buena suerte en diferentes facetas de la vida maya.

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Allí nos dirigimos, no sin antes recorrer 500 kg desde Playa del Carmen hasta Mérida; y después otros 60 kilómetros hacia el interior por desvencijadas carreteras, algo que llama mucho la atención. Las zonas turísticas costeras están acondicionadas como cualquier ciudad europea. Nada más que te sales de esas zonas, lo que hay son bellos pueblos en los que se vive igual que hace muchos años, muchos de ellos sin luz eléctrica y pequeñitas casas de vida tradicional, donde aún se habla la lengua maya, y a penas lo hacen en castellano.En una de estas pequeñas aldeas vive Helmer, que será nuestro guía.