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¿Sabeis por qué?

Me lo estoy pasando tan bien
Porque además de tener por delante otro “Desafío Extremo”, en este caso algo menos extremo pero imprescindible, pues el Kilimanjaro es la montaña mas alta de África y en mi proyecto están las 7 cimas más altas de todos los continentes.
Pero además esta expedición está llena de alicientes como: un safari fotográfico por la sabana en una reserva cercana al Serengueti, regentada por un español y su socio tanzano, en un paraje idílico. Nos acomodó en una atalaya natural con increíbles vistas de los llanos repletos de todo tipo de fauna salvaje, y atendida por las tribus masais auténticas, sin casi turismo, y en un ambiente distendido y completamente cercano a estos pastores, reyes indiscutibles de las grandes llanuras africanas.
Curioso este personaje llamado Julio Teijel, nacido en Asturias, y que vive desde hace 21 años en África, de los cuales 15 en Tanzania, y ha conseguido algo increíble; un  turismo sostenido y ecológico, donde el pueblo masai se beneficia de los ingresos turísticos de esta empresa modelo, donde no comulgan en absoluto con los cazadores, a los que está terminantemente prohibido acercarse a sus dominios.
Otra de las actividades que he realizado, y esta si que ha sido absolutamente espectacular, y pocas veces realizada, es la de alquilar un pequeño avión monomotor tipo Cesna, quitarle la puerta, adaptar  un  precario sistema de oxigeno médico, ni de lejos de uso en aviación, equiparnos con toda la ropa que tenemos (-25ºC a mas de 6.000 mts), y sobre todo armarnos de mucho valor para intentar un piloto italiano llamado Mateo, mi cámara Emilio Valdés y yo, alcanzar la cima del Kilimanjaro, para hacer una grabación del cráter, y hacernos una idea del tamaño de sus glaciares y comprobar a vista de pájaro el efecto del cambio climático.
Pues dicho y hecho. El día 3 después de dos intentos conseguimos despegar llenos de ilusión, miedo, e incertidumbre. Pero gracias a la pericia de Mateo, un poco a la mía, y ahora os diré porque, y el buen hacer de Emilio, alcanzamos con este monomotor los 6.600 m. ¡ algo increíble para esté tipo de aviones superligeros ¡ y realizamos una grabación que nos ha dejado sin palabras¡. Pero antes tuvimos momentos de tensión, porque algo falló en nuestro improvisado sistema de oxígeno, y nos empezamos a encontrar muy mal con dolor de cabeza intenso, embotamiento, mareo y a Mateo se le pusieron los labios azules. Conclusión: ¡NO nos llegaba aire a las máscaras¡. El italiano se puso nervioso y no acertaba con las llaves de paso, válvulas y demás mecanismos. Tuve que tranquilizarlo y de alguna manera conseguí activar la otra botella de oxígeno de emergencia. Emilio que estaba grabando todo el proceso se felicitó de que volviera la normalidad entre comillas, pues nuestra cabeza estaba al límite.
Continuamos ascendiendo, esta vez sin problemas para realizar un perfecto reportaje y ser testigos privilegiados de las cimas nevadas del Kilimanjaro.
Ha sido el mejor de mis pilotajes en una aeronave de pequeño tamaño y digno de contar a mis futuros nietos como una súper batallita.
Amigos mañana empieza el verdadero reto, ascender el Kilimanjaro, pero esa es otra historia que si estáis atentos a las crónicas sabréis puntualmente cada dos o tres días.
Recordar practicar CUATRO, que es una gran idea.
Jesús Calleja desde las nieves del Kilimanjaro.