Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

¡Pura jungla, no más!

Hola amigos, desde la última vez que os escribí han pasado muchas cosas, aunque las resumiría fácilmente: lodo, barro, fango, agua, mucha agua, nubes de mosquitos asesinos y agotamiento.
En efecto, partimos de Riobamba por unas tediosas pistas de montaña muy estrechas. No sé quién sería el que las construyó pero se merecía una pensión vitalicia, pues es casi imposible ascender por ellas con nuestro vehiculo. Por fin llegamos a la última aldea en esta parte del Ecuador. Se llama Eten.
Una amable familia me deja meter el coche en un pequeño patio, diría que el único que hay en este inclinado pueblecito. Estamos en marcha con nuestra pequeña troupe de dos arrieros y un guía local, y motivados a tope. Para alcanzar la cima del volcán Sangay, con sus 5.230 metros de altura, aunque muchos piensen que no es demasiada altura, son muchas las dificultades:
Primero:
La aproximación,
a partir de este punto no hay nada, por delante solo humedales, pantanos, mosquitos, jungla, barro, lodo y fango.
Segundo:
Estará lloviendo casi de continuo
y es posible que no veamos el esquivo volcán nunca, aunque sí lo sentiremos.
Tercero:
Durante el primer día habrá algo parecido a sendas para caminar, pero el resto de los días nos abriremos camino utilizando las rutas de los animales salvajes que aquí abundan, especialmente la de los tapires, una especie de vaca con trompa. Aunque también hay muchos jaguares, pumas, lobos, etc., por citar algunos. Y no es broma, nos pueden  causar problemas…
Cuarto:
El día de la escalada será durísimo. El campo base esta situado a unos 3.550 metros, por lo que el desnivel a salvar es de 1.680 metros, sin estar aclimatados.
Violentas_exposiones_del_volcan_san
Quinto:
El volcán está activo y explota sin avisar, lanza andanadas de piedras, gases tóxicos que pueden ser incluso mortales y rocas incandescentes.
Pasaremos de la jungla húmeda a la nieve en solo horas y el esfuerzo físico será tremendo, a lo que hay que sumar la tensión y adrenalina que nos supondrá ascender a este volcán que puede llegar a matarnos.
Como referencia, os contaré que hace unos años, cinco alemanes murieron al ser cogidos de improvisto por una explosión. Así que tendremos que estar atentos a las reacciones del volcán en forma de temblores o micro terremotos, que anuncian que en breve habrá otra explosión. Y Dios nos pille confesados si ésta se produce cuando estemos cerca de su cumbre, tres cráteres donde no se puede asomar el “hocico”, si alguna de las miles de rocas y piedras que salen disparadas nos afeita el bigote o sus gases sulfúricos nos quema los pulmones.
Serán muchas las cosas que habrá que medir antes de acercarse a la cima.
Ya os contaré.
Jesús Calleja.