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Longyearbyen (Svalbard) I

Hola amigos:
Os escribo desde un remoto lugar a tan solo 1.300 Km del Polo Norte, al que he llegado en un largo vuelo que comenzó en Madrid, luego Copenhague desde donde continué hasta Oslo y, finalmente, tras otro largo vuelo, aterricé en las islas Svalbard. Para que os hagáis una idea, está más cerca Oslo de África que de estas aisladas islas en mitad del océano ártico.
Además de las durísimas condiciones climáticas propias de la zona, hay que adaptarse a la larga noche polar. A causa de la elevada latitud, el sol desaparece del archipiélago en octubre y no vuelve a aparecer hasta marzo. Su llegada la celebran como la mayor de las fiestas hacia el 8 de ese mismo mes.
Aquí se fundó la ciudad de Longyearbyen, nombre que tengo un mes para aprender a pronunciar, en 1906. Es un lugar tan frío que el 60% de la superficie está cubierto de nieve y hielo, al menos durante 9 meses. Los osos polares duplican en número a los habitantes de estas islas y pueden llegar a ser muy peligrosos si tienen hambre. Como se han merendado a más de uno, es obligatorio llevar un rifle para salir del pueblo.
En las Svalbard, desde donde parten las expediciones al Polo Norte, el mar está congelado, un buen anuncio de lo que nos espera en el Polo.
Emilio Valdés, mi cámara y amigo, Ramón Larramendi, archiconocido en el mundo de las grandes travesías Árticas, una encantadora chica, aventurera sin límites, llamada María March, y el que os escribe, partimos mañana en un avión ruso hacia una base flotante instalada sobre un témpano a la deriva en la que, durante dos meses al año, construyen un aeropuerto sobre el hielo. Allí aterrizaremos.
Desde aquí comenzará nuestra travesía. Con temperaturas de hasta -40ºC y vientos que en ocasiones pueden soplar cercanos a los 100 kilómetros por hora, tendremos que salvar innumerables obstáculos, especialmente los canales de agua que cada vez son más frecuentes y montículos de hasta 8 metros de altura que será un pesadilla sobrepasar con trineos que pesan unos 80 kilos y que arrastraremos hasta alcanzar el Polo Norte. Durante el viaje, haremos experimentos y probaremos varios equipos inventados por Ramón Larramendi para poder viajar más rápido hacia el Polo Norte. En la actualidad,  los canales de agua son cada vez más numerosos por el cambio climático, hay que rodearlos y las distancias son tan largas que se necesita más de un día. Pero, con los inventos de Ramón, las acortaremos: nuestros trineos se pueden convertir en un pequeño catamarán.
También Emilio experimentará diferentes técnicas y equipos para poder grabar en condiciones de frío límites, donde la electrónica se niega a trabajar.
Otra de las cosas que queremos hacer es acampar en el Polo Norte y observar qué tipo de personas llegan hasta aquí en el año Polar Internacional. Les haremos entrevistas y cambiaremos puntos de vista sobre el cambio climático.
En definitiva, será una experiencia increíble, llena de dureza, peligros y adrenalina, pero que nos servirá para aprender como moverse y sobrevivir en zonas árticas y así hacer en el futuro nuevas y emocionantes expediciones por lugares de similares características.
¡Continuad atentos porque os seguiré informando!
Jesús Calleja.