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Barridos por los vientos

Amigos, estamos inmersos en mitad de una pedazo de aventura con Nico Terol, en la Patagonia más salvaje.
 
Este será un Desafío Extremo de los buenos. En el sur de Argentina y Chile se encuentra la segunda masa de hielo más grande del planeta después de la Antártida y Groenlandia. Casi nadie se mete en esta masa de hielo, pues hay que entrar ascendiendo alguno de los pocos collados accesibles, donde el viento golpea con tal virulencia que da pánico. Sólo si se arma un buen equipo humano como el nuestro, se puede intentar alguna de sus travesías. Somos en total nueve personas: cinco argentinos, entre ellos mi buen amigo el guía Julián Carielo a la cabeza, mi hermano Kike Calleja, Emilio Valdés, yo mismo y nuestro invitado que está ¡¡flipando!! Nico Terol.

Barridos por el viento
Hace unos días llegamos a El Chalten, de donde parten todas las expediciones. Es un curiosísimo pueblo donde nadie es normal, todo el mundo es original. Hay ingenieros, astrónomos, geólogos, informáticos, etc... y casi todos han abandonado sus profesiones y han decidido venir a vivir a este reducto apartado de cualquier otro lugar. Hemos filmado a gentes increíbles con historias fascinantes, que veréis muy pronto en nuestro programa en Cuatro, Desafío Extremo.

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El día 4 empezamos nuestra travesía, en la misma dirección que seguiría el equipo de rescate de los dos argentinos supervivientes de la expedición que permanecía atrapada desde el pasado martes, sabíamos que nos los encontraríamos de camino. Nosotros hacemos la ruta al revés de como se hace, para poder alcanzar el refugio de Paso Marconi al final e intentar escalar el pico Gorra Blanca, un pico en el que hay menos de un 10% de posibilidades de que podamos escalarlo. Sirva el ejemplo que el guía que nos acompaña, Julián, es uno de los más expertos de la zona, lo ha intentado 6 veces ¡y sólo lo ha conseguido una! Por eso, con sólo finalizar la travesía (y encima haciéndola al revés!) sería un pedazo de éxito, y si conseguimos el pico será ya toda una proeza! Pero amigos, lo importante es conseguir la travesía y salir vivos, viendo como está el patio.
 
Pues bien, cargando unas pesadísimas mochilas de unos 25 a 35 kg (depende de quién la lleve) nos pusimos en marcha.

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Son jornadas durísimas por las horas caminando, los desniveles ascendidos, el frío y la lluvia pero, sobre todo, por el fortísimo viento.
 
Hemos sufrido rachas de 120 km/h, y vientos casi constantes de 70 km/h. Es muy complicado dar un paso con esos vientos de frente y la pesada mochila, así que paciencia y un paso detrás de otro y poco a poco avanzamos en largas jornadas donde acabamos reventados, pero merece la pena por los bellísimos paisajes. ¡Estamos viendo uno de los lugares más mágicos del planeta! De hecho el Cerro Torre, que es una gigantesca aguja de mas de 3.000 metros, se consideró durante años la más difícil de escalar del mundo.
 
Y aquí estamos, inmersos en esta aventura aunque tristes, porque dos argentinos muy experimentados y un mexicano han soportado una violentísima tormenta de viento y nieve con vientos de más de 150 km/h, y parece que perdieron su tienda y eso es lo más terrible que te puede pasar en estos hielos. Como ya sabéis, el mexicano ha muerto y los dos argentinos los han tenido que rescatar en condiciones extremas. Y, como nos imaginábamos, nos los hemos encontrado. Ha sido hoy (día 5), y en la cara se les veían las terribles secuelas de lo acontecido. Pues justo a esa parte de donde ellos vienen nos dirigimos nosotros….

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Imaginaos una barrera natural de montañas casi inexpugnables que, por un fenómeno climático, hace que en la masa de hielo los vientos, cargados de humedad provenientes del Pacífico, se aceleren aún más convirtiéndose en huracanados en esta época del año. Pues, detrás de esta barrera natural se encuentra esta grandísima masa de hielo de 350 kilómetros de longitud, donde el clima es similar al de la Antártida. No hay ningún tipo de vida, excepto una extraña hormiga que vive en el hielo, nada más. No hay ni pájaros, nada, este lugar es incompatible con la vida. El viento será nuestro enemigo a batir, y además, hemos decidido hacer la ruta como nadie la hace, al revés, desde el Paso de los Vientos hacia el Paso Marconi, encontrándonos el viento siempre de cara.

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Hoy hemos conseguido atravesar el Paso de los Vientos en condiciones durísimas con ráfagas de ¡120 km/h! casi nos damos la vuelta... Y el pobre Nico ha flipado como en su vida... Sus ojos expresan sorpresa por la brutalidad del paisaje, por las trepadas que hay que hacer en la roca y, sobre todo, por el fortísimo viento que todo lo condiciona. Pero se está adaptando increíblemente. Ahora sé que acerté invitándole, porque da la talla y de qué manera... Se adapta a todo: a dormir en la tienda, a preparar su mochila, a cocinar, fregar... y todo en condiciones muy hostiles. Ahora os escribo desde la puerta de entrada a Hielo Sur. Hemos conseguido cruzar el Paso de los Vientos después de tres días de dura pelea con la mochila y los elementos, ahora estamos los nueve, solos, azotados por un temporal que no nos deja movernos de las tiendas. Hemos construido con rocas unas barreras, y aún así todo se mueve de tal manera que parece que saldrá volando en cualquier momento. Es la sensación absoluta de la soledad y la radicalidad del tiempo atmosférico.
 
A partir de este punto tenemos que remontar la masa de hielo. Haremos muros de protección de hielo y nieve a la hora de acampar, y seremos un punto minúsculo en esta helada extensión gigante.

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A pesar de estos temporales, donde la vida es imposible y donde da la sensación que hemos perdido la cabeza al meternos en este infierno ¡¡ no pasa nada, todo controlado!!, hay que dejarse llevar, y adaptarse, sobre todo al viento, él manda, y en función de su fuerza caminaremos más o menos, o ¡¡nada!!
 
En algún momento llegaremos a nuestro destino, que es completar una vuelta circular, al revés y contra el viento ¡¡un poco de locos!! Y, si hay suerte, intentaremos escalar esa gran mole de casi 3.000 metros que da miedo sólo mirarlo... se llama Gorra Blanca, pero eso es algo con lo que ya casi no contamos, porque ya estamos viendo cómo se las gasta aquí el viento.

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Os seguiremos informando amigos. Me despido desde la tienda de campaña, azotados por tales ráfagas que Nico y yo hablamos a voces y casi no nos entendemos, es ¡¡¡BRUTALLLLLLL!!!