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Lucia Berlin, una fuerza desconocida

Lucia Berlincuatro.com
No es un sueño. Lucia Berlin existió (Alaska, 1936-California, 2004). Pero he tardado décadas en encontrarla. Leyendo su Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara) he soportado miradas displicentes, nueve de cada diez masculinas, y todas ignorantes. Lo que tenía entre manos era un tesoro literario de primera magnitud. Y me veía incapaz de abandonarlo. He dejado de comer con mis compañeros de trabajo por estar con ella y la he llevado a mi lado en el coche para sentirla viva, mientras la imaginaba observando a través del cristal con sus centelleantes ojos aguamarina, los de una mujer alcohólica que lo ha experimentado todo. "En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados". Desintoxicaciones, tres matrimonios fallidos con un escultor y dos músicos de jazz, una madre enganchada a la botella y una larga lista de empleos (profesora, enfermera, recepcionista, mujer de la limpieza) para sacar adelante a sus cuatro hijos. Se formó como periodista y publicó sus primeros cuentos en la revista The Noble Savage, en la década de los sesenta. Pero el reconocimiento fue esquivo con ella.

"Me encantan las casas, todas las cosas que me cuentan, así que esa es una razón de que no me importe trabajar como mujer de la limpieza. Se parece mucho a leer un libro". Así comienza uno de los cuarenta y tres relatos que componen esta antología. Berlin es una autora de detalles. A partir de ellos reconstruye un mundo, el suyo y el de gente que apenas conoce. A partir de una carta abandonada en un armario, o de una lista de la compra que alguien olvidó antes de morir. ¿Cómo lo logra? Es el secreto de su genialidad, sin pose.

Lucia Berlin
Lydia Davis explica en el prólogo que "en cualquier texto bien escrito lo que nos emociona no es indentificarnos con una situación, sino reconocer esa verdad". Berlin es verdad de principio a fin, auténtica y divertida. En las subidas y bajadas, en los vaivenes de una vida errática en la que no hay restos de victimismo. Su sonrisa se adivina en las profundidades de cada descripción literaria. Donde residen la sencillez y la espontaneidad. Por ejemplo, al rememorar un encuentro amoroso bajo el agua con un pescador mexicano, escribe: "cuando César se apartó, el esperma quedó flotando entre los dos como tinta blanca de pulpo". Al hablar del escalofriante ingenio de una madre cruel y reincidente en sus intentos de suicidio, leemos: "Cuando se cortó las venas, firmó Mary la sangrienta, cuando se tomó las pastillas, escribió que prefería no intentarlo con una soga porque era demasiado lío". O al recordar su primera noche trabajando en urgencias, "Si no les han robado ya el bolso, da la impresión de que las ancianas solo llevan encima la dentadura postiza, un horario de la linea 51 del autobús y una agenda sin apellidos".

Si salta de una historia a otra sin orden aparente, es solo un espejismo, porque más tarde nos coloca de nuevo en la senda de lo vivido con una lógica exquisita. Todo encaja. Como la banda sonora que va deslizando en la escritura y que acompaña al hechizo. Ornette Coleman, Otis Redding, John Coltrane, Bill Evans, Scott LaFaro, Jorge Negrete, The Rolling Stones, Verdi...

"Punto de vista" es una exhibición de estilo deslumbrante.  En "Inmanejable" Berlin nos deja sin aliento mientras la seguimos al amanecer en busca del único bar abierto. "Carmen" es la constatación de que las cosas irán peor al casarse con un músico heroinómano que la utiliza de mula a punto de dar a luz a su cuarto hijo.

Lucia Berlin podía haber inspirado un personaje transversal de la serie de culto Mad Men o una película entera que algún productor de Hollywood habrá imaginado ya. Fue una mujer deslumbrante capaz de ahogar su risa y recuperarla después, incluso en sus últimos años de vida alojada en una caravana. Su fortaleza reside en su aparente fragilidad. Su inteligencia, en admitir, sentada frente a una lavadora, que "la vida te pasa por delante de los ojos mientras estás ahí, hundiéndote sin remedio".