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Perdidos en la tribu inicia su viaje más extremo

Esta tercera temporada será la más dura y hostil de cuantas ha habido hasta el momento.

En esta temporada las familias tendrán más presente la rivalidad que les une: se trata de una competencia en la que están en juego 150.000€ a repartir entre las familias que consigan ser aceptadas.

Comienza la tercera edición de Perdidos en la tribu, el viaje más hostil para las tres nuevas familias que han decidido adentrarse en lo más profundo de tres duras tribus de África y Sudamérica.
En el primer capítulo conoceremos a los Berhanyer, los Merino y los San Sebastián en su hábitat diario: cómo son, cuáles son sus rutinas, sus personalidades, cómo pasan un día libre o qué piensan sobre las cosas más profundas o mundanas de la vida. Un recorrido por el día a día que dentro de poco las tres familias dejarán atrás para enfrentarse a unas tribus desconocidas y, en todos los casos, también a sí mismos.
En esta nueva edición del programa, las tres familias coinciden en el aeropuerto y reciben de Raquel Sánchez Silva la terrible noticia: a pesar de creer haberlo visto todo después de dos ediciones, esta nueva temporada será la más dura y hostil de cuantas ha habido hasta el momento. De poco les servirá haber visto las reacciones de las familias que anteriormente emprendieron un viaje similar en el programa. Ninguna utilidad tendrá el que hayan leído sobre tribus ancestrales o tradiciones tribales completamente diferentes a las nuestras. Es el momento en el que las tres familias serán conscientes de la verdadera rivalidad que les une y de la competencia a la que tendrán que enfrentarse: todo un desafío en el que están en juego 150.000 € a repartir entre las familias que consigan ser aceptadas como un miembro más de la tribu. Y en esta ocasión, es muy posible que no todas lo consigan.
Se inicia un viaje largo y para muchos extenuante. Tras horas de viaje y con destino desconocido, la familia Berhanyer descubre la que será su nueva casa en las próximas semanas: el poblado Suri, al sudoeste de Etiopía (África). Las diferencias entre unos y otros se harán palpables desde el mismo momento de la llegada. Juan Carlos, Marie, Elio y Liz son recibidos con un Consejo de Bienvenida en el que el jefe de los Suri, un hombre autoritario y verdaderamente desconfiado, le pide a uno de sus ancianos que lea en los intestinos de un animal el futuro que les espera a los Berhanyer en la tribu. Para algunos miembros de la familia éste será un comienzo nada sencillo. Además, al caer la noche llega la hora de dormir, pero los Berhanyer no podrán hacerlo como pensaban ya que en el poblado Suri las mujeres y los hombres duermen por separado. ¿Cómo afrontarán, sobre todo Marie y Liz, no poder dormir con sus parejas y tener que hacerlo, incómodas y en el suelo, con el resto de féminas de la tribu?
Para los Merino el viaje será todavía más difícil. Son muchas horas de camino, hay que viajar en avión, furgoneta, canoa… y aunque pasan las horas ninguno sabe cuándo llegarán. Por primera vez Perdidos en la tribu se adentra en el Amazonas, una zona dura y hostil plagada de peligros a cada paso. Al llegar, los Merino se encuentran con una bienvenida que nunca habían imaginado: el acogedor recibimiento que esperaban encontrar se convierte en un tibio saludo y en una pregunta de la que la tribu necesita una rápida respuesta: si vienen en son de paz. Tras el viaje y la llegada, la familia necesita comer y descansar. Los Merino vivirán su primera comida en común y se prepararán para la primera noche. Tendrán que dormir junto con la tribu en unas rígidas tablas elevadas del suelo en plena selva amazónica y sin ninguna pared que les sirva de cobijo. Un entorno nada agradable para un primer día fuera de casa.
Por su parte, la familia San Sebastián también descubre su destino. En este caso serán las áridas tierras de Togo, al oeste de África, en la tribu Tamberma. Después del tradicional recibimiento y el Consejo de bienvenida, los San Sebastián tendrán que comer murciélago por primera vez si quieren llenar sus estómagos, ya que será la única opción culinaria que les ofrezcan los Tamberma. Además, descubrirán el claustrofóbico lugar que tiene la tribu para dormir: unos pintorescos huecos de diámetro reducido y máxima oscuridad que, a modo de minúscula cueva, hacen las veces de cama y refugio. Un primer día totalmente sorprendente para una familia que no tenía la más mínima idea de a lo que se tendría que enfrentarse al iniciar la aventura.