Comprar un dominio es algo parecido a comprar una parcela en Internet, si el nombre está libre es sencillo; si está ocupado hay que negociar con el dueño
Las formas más seguras de pagar por Internet
Comprar un dominio es, básicamente, como comprar una parcela en internet, se reserva una dirección. Si el nombre que se escoge está libre, se registra fácilmente. Si ya tiene dueño, existe la posibilidad de comprárselo. Si un día se deja de utilizar ese dominio, también se puede vender. No hace falta ser muy técnico para moverse en este mercado, pero sí que conviene entender quién hace qué, dónde se anuncian las ventas, y qué normas se aplican para transferir el dominio y evitar líos legales.
Este 2026, trae consigo un cambio silencioso pero importante: se trata del adiós al viejo WHOIS y la entrada definitiva de RDAP, el nuevo estándar para consultar “quién está detrás” de un dominio. Esto quiere decir que se le va a dar más seguridad y privacidad en los datos de registro y un marco común para todos los dominios genéricos. En el día a día, para un usuario normal, apenas va a cambiar la operativa: se podrá seguir comprando y renovando donde siempre, pero la manera de comprobar la titularidad será más ordenada y fiable.
Cómo se compra un dominio
Comprar un dominio es como buscar piso: a veces se puede encontrar uno libre y económico, pero otras el que se busca no está disponible y toca negociar. En Internet pasa lo mismo.
Cuando el nombre está libre
Lo primero que hay que hacer es entrar en el buscador de un registrador y teclear el nombre que se quiere con la extensión deseada: puede ser .com, .es, .org, .io… Si está disponible, se podrá ver el precio anual y los extras, ya que se puede contratar también correo o hosting. Se debe hacer una búsqueda rápida de variantes por si la primera opción no está. A veces con añadir un guión, una palabra corta o el .es, pueden sacar de un apuro sin perder claridad en el nombre.
Si se vende a España, el .es puede aportar cercanía, si se aspira a algo internacional se puede optar por el .com que continúa siendo el estándar. Se pueden registrar varias extensiones de todos modos y así proteger la marca (y redirigirlas a la principal). No hace falta comprar veinte extensiones, solo aquellas que de verdad se vayan a utilizar.
No es obligatorio registrar dominios durante varios años, pero sí que puede dar tranquilidad, y a veces un precio más atractivo. Si que se aconseja activar la renovación automática si se es un poco despistado: muchos dominios se pierden por olvidar renovarlos al año siguiente.
Los dominios guardan datos del titular. Hoy el acceso público a esa información es mucho más ordenado y respetuoso con la privacidad, pero hay que revisar qué es lo que ofrece el registrador y, sobre todo, qué los mails estén bien, ya que ahí es donde llegan los avisos de renovación y confirmaciones de pagos.
Cuando el nombre ya tiene dueño
En este caso se entraría en el aftermarket, un lugar donde los titulares publican sus dominios en venta. Se pueden ver tres formatos: un precio fijo, en el que simplemente se paga y ya es tuyo, hacer una oferta en la que se propone una cifra y el vendedor acepta o lanza una contraoferta y por último, la subasta, que durante unos días, pujan varios interesados y gana la oferta más alta.
Para empezar se debe buscar el dominio en plataformas conocidas. A veces el propio dominio muestra un mensaje de venta con un formulario de contacto. Se debe poner un presupuesto y evitar “enamorarse” de uno en concreto. Además, hay que tener en cuenta que los nombres cortos y genéricos suben de precio, mientras que los descriptivos o con “ñ” suelen ser más asequibles. Antes de comprar cualquier dominio se debe hacer una búsqueda rápida en internet para asegurarse de que no choca con ninguna marca registrada o no tiene un historial feo.
A la hora de negociar, se debe hacer con calma y presentar una oferta razonable, pedir que la operación se haga con escrow (depósito en garantía) y preguntar por el plazo de transferencia. Al hacerlo de esta forma, el comprador envía el dinero a una cuenta intermedia, y sólo cuando el dominio se transfiere correctamente, el servicio libera el pago al vendedor.
Cómo se vende un dominio
Vender un dominio es sencillo. Lo primero que hay que hacer es ponerlo a punto: renovarlo si está cerca de caducar, revisar que los datos de titular y contacto estén correctos, y si el domingo tiene una web activa, reunir estadísticas para que puedan justificar el precio por el que se quiera vender, como las visitas o los ingresos aproximados. Después, toca ser realista con el valor.
Los dominios se suelen pagar por su utilidad: extensión con demanda, nombre corto y claro, facilidad para recordar y encaje obvio con un sector. Se deben mirar ventas comparables y fijar un precio que no espante, sobre todo si se quiere vender en semanas y no en meses.
Con el precio decidido, llega el escaparate. Se debe publicar el dominio en un marketplace reconocido y activar su red de distribución para que aparezca también cuando alguien busca desde otros registradores. Se puede acompañar con una página sencilla de “This domain is for sale” en el propio dominio.
A partir de ahí, la estrategia es simple: si urge cerrar, el “cómpralo ya” con un precio fijo funciona muy bien, y si se prefiere tantear el terreno, se puede aceptar ofertar o negociar. Si se cree que puede haber competencia, una subasta puede ser genial.
Cuando alguien se decide, se debe proteger el cierre con un servicio de escrow: el comprador envía el dinero a un depósito en garantía, se inicia la transferencia y, cuando el dominio queda en su poder, el escrow libera el pago. Es el estándar del sector porque reduce fraudes y malentendidos.
Se debe evitar tocar los datos del titular justo antes de vender, porque ciertos cambios administrativos pueden activar bloqueos temporales y retrasar el proceso. Si el marketplace admite transferencia rápida para el dominio, se debe activar, ya que acorta plazos y mejora la experiencia.
Una vez que se haya cobrado, se debe confirmar que el comprador ve el dominio en su panel y que puede gestionar las DNS. Se recomienda guardar bien la factura y el intercambio de correos por si hay que acreditar la operación más adelante.


