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¡Terapia de choque! Unos padres mandan a su hijo al desierto para que supere su adicción a los videojuegos

¡Terapia de choque! Unos padres mandan a su hijo al desierto para que supere su adicción a los videojuegoscuatro.com

Un jóven de Michigan (Estados Unidos) llamado Josh sueña, como otros tantos chavales a su edad, con ser jugador de eSports. Para ello, juega a 'Counter Strike' sesenta horas a la semana. La preocupación de sus padres por la salud de su hijo hizo que le aplicaran una radical terapia de choque: le mandaron dos meses al desierto, donde le incomunicaron de toda tecnología.

"Es estúpido. Juego a videojuegos y tengo que ir a rehabilitación por ello", se quejaba Josh tras concluir su experimento de rehabilitación. La cadena estadounidense ABC se hizo eco hace unos días de su historia. Todo empezó hace meses, cuando la obsesión de este joven norteamericano por los videojuegos le hizo incomunicarse de la sociedad.
Entrenaba una media de 60 horas al día, superando en muchas ocasiones las doce horas de juego diarias. Sus padres, consternados, le prohibieron jugar con cualquier tipo de videoconsola o PC. Fue entonces cuando, lejos de mejorar, la preocupación aumentó.
Josh comenzó a presentar ciertos desajustes en su comportamiento. Su dependencia de los mundos virtuales era un hecho y su problema, más grave de lo que se había previsto.
Fue entonces cuando se pusieron en contacto con especialistas, que propusieron aplicarle una fuerte terapia de choque: le forzaron a marcharse durante dos meses al desierto de Salt Lake City, ciudad más poblada del estado de Utah.
Tras su regreso, la ABC quiso hacerse eco de su caso en su programa '20/20' que dedica a nuevas adicciones generadas por el auge de las nuevas tecnologías. En él, hicieron públicos los resultados de las pruebas que le realizaron a Josh durante este tiempo.
Según estas pruebas, abusar en el consumo de videojuegos puede afectar a las capacidades cerebrales de los sujetos. Tal y como demostraron las resonancias que le llevaron a cabo al paciente, quedó demostrado que la actividad cerebral de Josh mejoró notablemente durante los dos meses que estuvo alejado de las tecnologías.