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Joaquín Sabina: "Nunca fantaseé con ser cantante. Nunca. Vino"

Risto Mejide: Sabes que esto es una conversación abierta.

Joaquín Sabina: Por eso estoy aquí y porque en televisión rara vez puedes hablar más de cinco minutos seguidos. Yo que amo la palabra, la hablada casi tanto como la escrita es una tremenda frustración que esté hablando el filósofo más importante del mundo y digan "vamos a publicidad".

Risto Mejide: Yo pensaba en ni siquiera repasar tu vida. Quien no te conoce no te merece.

Joaquín Sabina: Hay tantísima gente en el mundo a los que no conocemos y lo merecen todo.

Risto Mejide: Ahora me la has colado. Una cosa que le dije a Loquillo y que te repito a ti. ¿Cómo se te ocurre cantar? Eres un gran poeta que se empeña en cantar.

Joaquín Sabina: Eso vino por casualidad. Estaba exiliado en Londres en el tardo-franquismo que diría Umbral. Lavando platos como todo el mundo. Vi que en cada restaurante había un caradura que cantaba como el culo y cobraba más que yo y las chicas se iban con él. Yo tenía una guitarrita y me sabía cinco o seis canciones. Con el tiempo, sin tener oficio ni beneficio ni vocación que era escribir. Nunca fantaseé con ser cantante. Nunca. Vino. Como vienen las cosas que no tienen mucho sentido.

Risto Mejide: Te fuiste a Londres porque tienes un lío.

Joaquín Sabina: Me fui porque no podía salir del lío. Entonces no eran ETA los asesinos, eran los luchadores antifranquistas. Ahí andábamos de tontos útiles o de tontos inútiles. Estaba en el grupo de apoyo de lanzar los cócteles molotov. Empezaron a detener a la gente que hicimos eso y tenía una novia inglesa. Muy guapa. La primera y la mejor minifalda que se ha visto en Granada. Me fui. Tampoco podía irme a mi pueblo porque mi padre era policía de Granada. Me despertó y me dijo "hijo mío, estás detenido". Desde ese día, le tengo un respeto inmenso.