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Svetlana se niega a la expulsión: “¡Bella vita, yo voy con Armando!”

Todas aparcaron sus celos y acudieron al campo de golf, donde Alexis las esperaba para dar a Svetlana la mala noticia. La mujer de edad indefinida se despidió con un proverbio de su adorado Confucio. Algo sobre reyes y payasos que el soltero no alcanzó a entender. Pero a rey muerto, rey puesto. La italiana no se lo pensó dos veces y cambió al hijo por el padre: “¡Bella vita, yo voy con Armando!”, les gritó mientras escapaba en el cochecito del progenitor. Un final digno de Fellini.