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Svetlana se niega a la expulsión: “¡Bella vita, yo voy con Armando!”

Mientras la tierna y maternal Loli y la sensual Xio se desmarcan en la lucha por llevar a Alexis al altar, esta guerra tiene una clara perdedora. La última ronda de expulsiones de ‘Quien quiere casarse con mi hijo’ dio al traste con las ambiciones de Svetlana. 


La cita con Loli
El hijo de Armando nunca deja de sorprendernos. Loli se quedó de una pieza cuando Alexis eligió una tienda de ropa y accesorios para bebés  como escenario para su cita. “Me ha dejado loquísima. Es lo último que podía esperar de él. No imaginaba que ningún nombre pudiese soportar que una mujer estuviese embarazada de otra persona”, comentó complacida.
Alexis se portó como un ‘padrazo’ eligiendo tetinas y baberos con mucha simpatía y ternura. Incluso la dependienta de la tienda protagonizó una curiosa anécdota al confundirle con el padre del futuro retoño de la pretendienta.
Se despidieron con unos besos “de tortuguilla”. “Alexis sería una buena pareja para mí y el día de mañana podría ser un buen padre para mi hijo”, concluyó Loli medio enamorada.
Un chapuzón con Xio
Pero Alexis, de momento, no se casa con nadie. Aprovechando que el resto de pretendientas se encontraban en la cocina ayudando a Armando a hacer su famosa tortilla de patata, el empresario y Xio aprovecharon para darse un chapuzón en la piscina. ¡Con la ropa puesta!
Desde luego, no perdieron el tiempo. La casualidad quiso que Loli y las demás les pillaran en lo mejor de su achuchón.  El espectáculo, huelga decirlo, no les hizo ninguna gracia, aunque la premamá admitió que ella, en su lugar, hubiera hecho lo mismo.
Svetlana, eliminada
Sin embargo, todas aparcaron sus celos y acudieron al campo de golf, donde Alexis las esperaba para dar a Svetlana la mala noticia. La mujer de edad indefinida se despidió con un proverbio de su adorado Confucio. Algo sobre reyes y payasos que nadie alcanzó a entender. Lo que si está claro es que a rey muerto, rey puesto. La italiana no se lo pensó dos veces y cambió al hijo por el padre: “¡Bella vita, yo voy con Armando!”, les gritó mientras escapaba en el cochecito golfero del progenitor. Un final digno de Fellini.