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Isidoro, a Alexandra: "Eres como Benidorm, la playa de poniente y la de levante"

Mientras Dolores se asombraba con las vistas de Benidorm, Isidoro pensaba cómo aprovechar su suite y al menos lo intentó. Primero llevó a Alexandra, quien le dedicó un inesperado baile erótico pero nada más y luego llegó Natalia quien, tras unos besos, se marchaba dejando plantado, una vez más, al soltero.

“¡De Benidorm, al cielo!”, este era el grito de guerra de Isidoro nada más llegar a su suite en Benidorm. Mientras, Dolores disfrutaba como una niña de las vistas, asomándose a la terraza y asombrándose: “¡Cuántos municipios!”, decía.
Tocaban largas citas de un día y la primera elegida fue Alexandra. Primero cenaron y tomaron una copa con el mar de fondo e Isidoro confesaba: “a veces me haces unos gestos… me pones a cien”, le decía y Alexandra elevaba el tono de sus gestos. Recordando el baile que le hizo con un hielo en Almansa, la pretendienta quería repetirlo para hacerlo mejor, a solas. Tras esta demostración el soltero decidió sacar valor y hacer la proposición que quería: que Alexandra visitara su suite.
La pretendienta cumplió su deseo, pero solo en parte. A solas en la habitación, emularon la romántica escena de Titanic en la terraza. Pero la magia desapareció pronto ya que Isidoro le decía: “eres como Benidorm, la playa de Poniente y la playa de levante”, refiriéndose a su pecho. La pretendienta le besaba largamente mientras Isidoro le decía: “me intimidas, me asustas”.
Y ella decidía dar un paso más dedicándole un baile privado al soltero. Isidoro miraba incrédulo pero, cuando menos lo esperaba, todo se terminó y Alexandra abandonaba la habitación: “¡Cómo está el patio!”, exclamaba.
Mientras tanto, Natalia había estado preguntándose qué hacía su chico. Pero dejó las lágrimas a un lado y aprovechó el tiempo al máximo. Tras caminar por el paseo de las estrellas sin reconocer apenas nombres, ella también acudió a su suite.
Sabía que el chocolate es una de sus tentaciones y había comprado uno muy especial. Tras aplicarlo en su brazo, el soltero disfrutaba del sabor, pero Natalia le interrumpía porque le resultaba “anti erótico”.  Pronto llegaron los besos y cuando Isidoro creía que Natalia dormiría con él, ella repetía la actitud de Alexandra: “tengo ganas de estar contigo pero sola, sin que tengas a nadie más en tu cabeza”, le espetaba. Isidoro permanecía incrédulo: “yo pensaba, esta noche la clavo seguro”, pero no.
El baile erótico de Alexandra