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Primeros besos y primer enfado de Javier con sus chicas

Los besos con Lucía provocan el enfado del resto de chicas

Javier es un hombre de fuego, se dedica a ello y, quizá por este motivo, busca a una mujer ardiente. Su madre le define como “un calzonazos” pero él tiene muy claro lo que quiere. Llegaba hasta Luján Argüelles entre piropos y con una flor para ella, “¡Qué peligro tiene tu hijo!”, decía la presentadora a Isabel y ella no podía sino darle la razón.
Javier tiene una curiosa manía: tocar el pecho de su madre y esta ocasión no iba a ser diferente. El joven pedía a su madre algo de recato porque sus chicas iban a ponerse celosas viendo su escote. Tocó el pecho de su madre y la reprimenda llegó en forma de dos collejas, algo de lo que se quejó pero no por el dolor, sino porque se despeinaba y no iba a estar guapo para sus chicas.
Conociendo a las chicas

Superado el obstáculo inicial, llegó la primera, Raquel. Quizá demasiado tierna para Javi, creyó ver en su interior “un demonio” que solo tenía que saber llamar. Le siguió Sara, secretaria de dirección apenas la vio supo que iban a llevarse muy bien, quizá por sus curvas. Pero también porque cuando le enseñó unas esposas rojas, a Sara le sugería “una buena noche contigo”. “Me encantas”, decía él, “llevas el demonio dentro, solo hay que llamarlo”, repetía y, esta vez, su madre apuntaba: “Ella tiene el demonio y tú tienes el rabo”.
Patricia no dio en el clavo, se definía como una mujer “machistas”, le gusta tener la comida preparada para cuando su chico vuelva a casa pero Isabel no creyó ni una sola de sus palabras. Le siguió Johana, diseñadora gráfica, que decía llevar demasiado tiempo sin tener una relación: “he destacar que estoy a dos velas y al final abro las piernas y como que me salen murciélagos”. “A mí me encanta”, decía Javier pero Isabel apuntaba: “Esta te da merengue, merengue a ti y a todo el que se menea”.
Nerea llegó con ganas de descubrir “el corderito” que tras la apariencia de chico duro esconde Javi y Lucía, terapeuta de 30 años, encontró muchos puntos en común. Los primeros, la tatuajes o ‘las tintas’ como las llama Javi. No podía evitar mirar su escote: “¿Estás operada?”, le espetaba y ante la respuesta afirmativa de ella le decía: “No tengo inconveniente, mi madre también está despachada”; además, Lucía se mostraba dispuesta a hacer todas las tareas que desagradan a Isabel, a saber: depilación de glúteos y la inevitable preparación de merienda.
La elección de Javier
“Yo no echaba ninguna”, decía a Luján, sin embargo, tenía que elegir. Javier había asegurado que no le gustaban las rubias, pero parecía haber cambiado de opinión porque eligió a tres. Lo tuvo muy claro a la hora de expulsar a Patricia y a Yolanda, pero con Yohana tenía una duda, ella le parecía “muy juguetona” pero Nerea aparentaba “una estabilidad” que él necesita y la segunda pesaba más en la balanza. De esta forma, Javier se quedaba con Nerea, Raquel, Rocío, Sara, Cristina y Lucía.
La primera cita con sus chicas

Todo empezó con un baile muy, muy pegado. Pero Javier quería más y Lucía quiso dárselo. Ella pidió estar a solas y él se lo concedió gustoso, Javier decidía entonces lanzarse al beso y, viendo que ella parecía dispuesta, probó. No logró un beso, consiguió muchos más… Tantos que al resto de chicas les dio tiempo a llegar para ver lo que entre ellos sucedía: “¡Qué cerduquis!”, exclamaban. Pero Javier no entendía la reacción de sus chicas, lo que ha hecho con Lucía quiere repetirlo con otras: “Mañana me puedo  comer la boca con Sara, me la voy a comer con todas” pero… ¿Estarán ellas de acuerdo?