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Acoso escolar vs. 'cosas de niños': Carta abierta de la psicóloga de 'Proyecto Bullying'

Acoso escolar vs. 'cosas de niños': Carta abierta de la psicóloga de 'Proyecto Bullying'cuatro.com

¿Cuándo una pelea de recreo pasa a ser algo preocupante?, ¿debemos intervenir ante burlas entre compañeros de clase o al darle relevancia al asunto contribuiremos a agravar el distanciamiento entre los chicos?... Si hablamos de bullying, todos coincidimos en que se trata de un problema grave y global al que debemos prestar atención, pero ¿sabemos diferenciarlo de las llamadas 'cosas de niños'?. Ana Isabel Saz, psicóloga de 'Proyecto Bullying', nos escribe una carta a víctimas, agresores, padres y expectadores para hablar de acoso escolar en su justa medida.

"Pegar, amenazar, dar patadas, empujar, esconder, robar, romper cosas de otros, insultar, poner motes, reírse o hablar mal de otro, burlarse, mentir sobre un compañero, excluir, no dejar participar a una compañera en alguna actividad, humillar, ridiculizar, ignorar, aislar, enviar mensajes negativos sobre un compañero, insultar por redes, no son cosas de niños, son todas ellas conductas de acoso escolar. Exponer a un menor de forma prolongada y repetida a acciones de otro u otros menores no es un juego ni una broma, ni ha de enfrentarse entendiendo que se trata de algo inherente al crecimiento. Hemos de abandonar actitudes de minimización, no son cosas normales entre escolares ni se trata de bromas entre críos.
Cuando un menor comienza un camino de interiorización de minusvalía, pensando que no vale nada, que no merece tener amigos, un camino de desconfianza, de retraimiento, queriendo desaparecer, depresión, ansiedad, fracaso... es necesario ofrecerle salidas, nuevas figuras de resiliencia que renueven la confianza. De no ser así, habremos fracasado como sociedad. De hecho, hemos fracasado. Seremos capaces, seguro, lo estamos siendo, creando medidas de prevención e intervención, hablando de los errores y de las ignorancias, poco a poco implementamos medidas en los centros escolares, ayudamos a los padres a conocer y prevenir, cambiaremos también las absurdas tolerancias a la violencia, pero será tarde. Cuando un menor decide que la única salida es el suicidio, y han sido varios los que lo pensaron, todo lo que hagamos después será importante pero incompleto, necesario pero imperfecto.
Nuestros menores, no solo nuestros hijos, los menores, todos, los tuyos, los míos, los nuestros, necesitan tiempo, dedicación y acompañamiento, y por supuesto, saberse queridos. Cuando un menor es acosado se siente vulnerable, confuso y atemorizado, a veces avergonzado y culpable. No te calles, cuéntaselo a alguien, a tus padres, a algún adulto de confianza, a tu profesor, a un amigo, si lo hay, saca el tema en tutoría, al jefe de estudios, a la directora del colegio o del instituto, haz un escrito, haz que alguien lo cuente en tu nombre, díselo a uno o a cientos, pero cuéntalo, para poder ayudar es necesario saber y a veces, obtusos adultos y compañeros, no sabemos. No es excusa, pues es responsabilidad nuestra atenderte, pero desde nuestra torpeza y nuestra irresponsabilidad, te animo a gritarlo, no eres tú quien ha de avergonzarse.
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Y si no eres tú quien lo sufre, pero ves a alguien dolerse, entiende que defender los derechos de los demás también es defender los tuyos, que ser espectador de situaciones de acoso también tiene importantes y negativas consecuencias para ti. Y si piensas que prefieres no meterte, o que eso no va contigo, te equivocas, y sobre todo te alejas de la valentía y te conviertes en cómplice de la crueldad. Empieza por no reírle las gracias al que agrede, ayuda al compañero a salir de la escena, puedes decirle que el profesor ha dicho que necesita hablar con él. Cuéntalo y nunca apoyes una agresión con tu presencia. Brinda tu compañía a los agredidos y muestra siempre que puedas tu desacuerdo con el acoso. Habla con la víctima y anímala a que busque ayuda. Necesitamos valientes, sin duda, valientes que sean firmes contra las amenazas, la violencia física, el insulto, el desprecio, el rechazo. Es normal sentir miedo, pero a veces es suficiente con que uno empiece...
Y si tú eres de los que agreden, tómate un rato para pensar qué te sucede. Es evidente que algo no funciona bien...si necesitas humillar, despreciar, rebajar a otro para sentirte bien, muy probablemente te sientas pequeña o pequeño y aunque seguramente algunos ratos consigas sentirte poderoso, bien sabes que finalmente sigues siendo pequeño, cada vez más. A veces agredimos porque nos sentimos enfadados, heridos o asustados y no sabemos poner palabras a lo que sentimos. Entonces descargamos en otros y podemos sentir poder y fuerza. Absurda manera de resolver las heridas propias... siguen después en el mismo lugar. Intenta ponerte en el lugar del que humillas, del que pegas. No lo intentes, hazlo, siente su piel, sus heridas, sus lágrimas. Si consigues hacerlo, ganarás. Ganarás fuerza, esa que buscas de manera equivocada. Parece obvio, pero cabe recordar que las personas más dichosas no necesitan herir a otras...
El acoso escolar, como todas aquellas despreciables formas de violencia, no es una broma, en una broma ríen todos".