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Guillermo Abril

Llegué tarde, cuando ya se había trazado una línea tajante entre los que sí y los que no, los de dentro y los de fuera. Pero un día, no hace demasiado, mi jefe me dijo: "Te vas a una isla". Y ya no quedó más remedio. Devoré 'Perdidos' en doce días. De un tirón, sin descanso, con los ojos vidriosos.
Desayunaba con ella, pasaba las mañanas con ella, comía con ella, echaba la siesta con ella, me acostaba con ella y sólo hablaba de ella. Recuerdo las palpitaciones y el sueño revuelto del día que me tragué 14 episodios de golpe. Pura droga. Luego desembarqué en la isla. Llegué tarde, digo, pero crucé de un bofetón al otro lado. Ahí sigo.