Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La mujer gitana, el camino de la identidad

'Palabra de Gitano' refleja a través del testimonio de Vanesa, Sonia, Jessica, Tamara y Chelo el indiscutible papel y la importancia que la mujer gitana juega dentro de su sociedad. Desde que nace, los momentos más importantes de una gitana arrancan y culminan con una celebración. En cada una de estas ceremonias, la gitana da un paso más hacia la edad adulta donde debe elegir entre una existencia ligada a la tradición o alejada de ella.

La entrada en la edad moza de una niña es la primera celebración para una joven gitana. Más de 200 invitados esperan a Vanesa para celebrar su presentación en sociedad y su puesta de largo ante toda la comunidad en su primera comunión. La celebración reúne a toda su familia y todo gira en torno a ella. "Es un día importante para ella y para todos nosotros", cuenta su tío. "La protagonista es mi niña. Hoy pasa de niña a mozuela", cuenta la madre de Vanesa.
Desde niñas, las gitanas son educadas para respetar a los difuntos y compartir con ellos los acontecimientos especiales. "Para nosotros, es una obligación venir todos los domingos y estar en contacto con ellos. Hoy es un día especial", cuenta José, padre de Vanesa. La niña es llevada al cementerio para celebrar su comunión también con sus abuelos difuntos.
El 'pedimiento', el momento más triste para la madre gitana
Sonia cumple 14 años el mismo día de la celebración de su 'pedimiento'. Hace oficial su noviazgo. El 'pedimiento' es un momento triste para una madre gitana que ve que su hija se irá pronto de casa. "Hoy es el cumpleaños de mi niña y es su pedida", explica su madre llorosa. "Sabía que iba a ser un momento duro para mí. Cuesta salir adelante", solloza.
El 'pedimiento', un giro en la vida de Sonia
Con su 'pedimiento', Sonia abandona el calor de su hogar. Pasa a formar parte de la familia de su novio. Debe empezar una nueva vida en la familia de su novio. "Jesús será mi primer novio y el último que tenga. Aunque, no me quiero casar tan joven. Mi sueño es ser bailaora y hay tiempo para todo", cuenta Sonia. Hasta el día de su boda, deberá prepararse para convertirse en una esposa gitana.
La boda, el plato fuerte para la mujer gitana
El acontecimiento más importante en la vida de una mujer gitana es la celebración de su boda. Un momento que las jóvenes calés planifican durante años. A sus 15, Jessica se prepara junto a su familia para celebrarla. "Dejaré de ser una niña para ser una mujer gitana porque voy a ser una mujer casada. Soy muy joven para casarme pero a los 20 o 22 ya cuesta mucho casarse porque te llaman solterona", cuenta Jessica.

"Ella ya se cree una mujer pero todavía es una niña", reflexiona su madre que cuenta que su hija está educada como una mujer gitana. Además, Jessica se enfrenta a la prueba del pañuelo para certificar la virginidad que le permitirá casarse.
La responsabilidad de la identidad gitana
Las gitanas tienen una media de tres hijos desde que cumplen 16 años. Sobre ellas, cae la responsabilidad de transmitirles los valores que perpetúen la identidad gitana. Chelo está a punto de celebrar el nacimiento de su quinto hijo. "Me quedé embarazada a los 15 y a los 16 tuve a Aaron que era un muñequito. Para mí, era mi muñeco. Me vino la sorpresa de que jugaba con un niño de verdad", relata.

El hombre gitano no ayuda en casa y Chelo lo sufre en los últimos meses de embarazo. "Mis pequeños no saben cocinar. Ya no es que no me ayuden, es que me gusta hacerlo a mí. No vamos a poner a un niño a fregar y la niña que esté sentada. Por fregar y barrer, no pasa nada. No es machismo", cuenta Chelo. "La mujer gitana se somete al marido porque tiene que someterse. La mujer tiene que ser para su marido y para sus hijos", explica la suegra de Chelo.
Una gitana modelo y universitaria
Tamara, una modelo universitaria de 24 años, eligió un camino diferente, apartado de lo que marca la tradición de su raza sin renunciar a su condición de mujer gitana. "Soy gitana y modelo. Además, estoy diplomada. No quiero que sea el hombre el que lleve el dinero a mi casa. Quiero ser una mujer que se sienta realizada, que trabaje y que haga lo que le gusta. En mi caso, ser modelo", explica. "No quería dedicarme solo a mis hijos y a casarme", cuenta. Tamara no cree que por llegar virgen al matrimonio sea mejor.
"El pañuelo es un momento muy especial pero yo no quiero ir virgen al matrimonio. Para saber si tu pareja es el hombre de tu vida necesitas conocerlo en todos sus ámbitos. No porque tú llegues virgen al matrimonio le das más pureza", considera. "Soy una gitana atípica, pero soy como quiero ser".