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Sarah tiene que abandonar ‘Padres lejanos’

Sarah y Antonio regresan a España. Sarah pierde el control varias veces, escupe a un cámara y le persigue con un objeto punzante. Los psicólogos le recomiendan un tratamiento más intensivo.

El cuarto programa de ‘Padres lejanos’ comienza con buen pie. Sale el sol y las familias dejan el campamento de ‘Alamos plateados’ arreando a caballo a las vacas. El ritmo es bueno y El Cordobés tiene buen ‘feeling’: “Este momento lo disfruto yo tela”. Demasiado bonito.
Sarah se separa del grupo y comienza una escena grotesca. El capataz le pide que vuelva y que respete las normas y ella se transforma. Se baja del caballo y le amenaza con un objeto punzante. El Cordobés tiene que intermediar varias veces (te estás haciendo daño, le dice) pero no hay quien controle la ira de Sarah.

Tras el violento incidente, los terapeutas le recomiendan que Antonio y su hija Sarah continúen el camino por separado. Se marchan en coche. Mientras, el resto del grupo llega a su destino, donde les espera una sorpresa. Se trata de un internado de niños pequeños. Allí, las parejas deberán realizar pequeñas reformas: pintar columpios, arreglar las instalaciones, plantar flores… Es un momento que saca lo mejor de ellos, como en el caso de Carlos y Mary, o lo peor: Oleg e Isabel discuten hasta el punto de que Isabel abandona la tarea sin terminar.
Antes, El Cordobés y los terapeutas se citan con Sarah y Antonio  y le cuentan lo que ellos temían: Sarah debe dejar el programa, por su bien y por la seguridad del equipo. El Cordobés tiene un consejo para Sarah y agradece a Antonio el esfuerzo demostrado: “Ojalá hubiera tenido un padre como tú”
Después de comunicar al resto de padres e hijos le expulsión de Sarah, llega el momento de competir. El premio, un baño al aire libre en un jacuzzi; la prueba, un juego al que los gauchos llaman ‘el dormido’.

Tras las tareas cae la noche y algo atrae a las cámaras en el campamento de los padres. Mary y Antonio se ríen entre besos, arrumacos y mordisquitos en la oreja. “Ya verás cómo se va a poner Carlos cuando vea esto por la tele”, dice Mary.
 
Tras la competición y las tareas en la escuela, llega el momento en que los padres y los hijos se ponen nota cara a cara. La mejor parte se la llevan Carlos y Mary, que se han mostrado positivos y cariñosos durante toda la etapa. Antonio vuelve a llevarse un “cero patatero” de Jenni, que dice que está cansada de luchar, pero la peor cara se la lleva Isabel que termina hundiéndose después de que Oleg diga que es “un fracaso de madre”.