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El Toro de Osborne, símbolo de protesta

Nació en 1956, nació de madera, pero el tiempo (el metereológico) enseguida le hizo cambiar y creció  de metal. 4.000 kilos,  14 metros de altura. Tuvo familia amplia, 500 toros llegó a haber en las carreteras españolas.  Actualmente solo quedan 90. Eso sí, considerados Patrimonio Cultural.  Porque este toro fue indultado, cuando se prohibió, en 1988, la publicidad en las carreteras. Sólo él salió por la puerta grande. Pero en todos estos años le han clavado muchas banderillas a este toro.

 En Cataluña, no queda ninguno, le serraron hasta las patas al último que quedaba en pie, el de Bruc. Y en el resto de España, aguanta como puede los rejonazos de pintura. Le han vestido de todos los colores y lo han usado para muchas causas. ‘El toro indignado’ le han llamado algunos, pero desde su redil, no están para estos capotazos. Osborne es el propietario de la marca registrada Toro de Osborne y de todas las vallas repartidas dentro y fuera de nuestra geografía. Actualmente en España hay 94, 60 en México y 1 en Copenhaguen.

Hoy por hoy el Toro de Osborne es una silueta integrada en el paisaje y uno de los grandes iconos del diseño español de todos los tiempos. Con respecto al uso de las vallas como altavoz de todo tipo de reivindicaciones, la compañía es ajena a todos los contenidos que sobre la silueta se incorporan. Lamentan que los responsables no encuentren otro camino para hacer llegar sus opiniones a la sociedad y les recuerdan que se trata de una propiedad privada y que incurren en un delito. Además de ser un acto de vandalismo puede ocasionar lesiones a los autores y a  terceros. Es por ello que buscan trasladar a la opinión pública que atacar al Toro de Osborne puede acarrear consecuencias penales.