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¿Por qué un viaje a la nieve puede ser algo más que ir a esquiar?

A pocos días de la llegada oficial del invierno, ya son muchos los que tienen la vista puesta en la montaña. Los amantes del esquí dan la bienvenida al frío con la esperanza de que las nieve les brinde la oportunidad de disfrutar de su deporte favorito.
El esquí es el rey del invierno, convirtiéndose en el plan favorito de muchas familias y amigos que deciden aprovechar estas vacaciones de Navidad para disfrutar de la nieve y la montaña. Un plan de diversión que no está reñido con saber esquiar, pues cada día las estaciones de esquí ofrecen más alternativas y posibilidades para aquellos que nunca se han subido a unos esquís o a una tabla de snowboard.
Un buen ejemplo es la estación de esquí de Grandvalira en Andorra. Situada en el puesto número 13 del mundo como la que tiene más kilómetros de pistas esquiables, la estación andorrana ha realizado una gran apuesta por la calidad y la comodidad de todos sus visitantes.
Este año, Grandvalira ha invertido cerca de 13 millones de euros con el objetivo de modernizar y ampliar las instalaciones en las pistas, mejorar los servicios de la Escuela de esquí y snowboard, diversificar la oferta de restauración en la propia montaña y seguir apostando por las nuevas tecnologías como forma de interacción con sus clientes.
Por ese motivo, viajar a la nieve ya no es solo un plan reservado para aquellos que esquíen o hagan snowboard. Aquellos que no sepan pueden aprender gracias a los profesores que ofrece la propia pista, además con el concepto de las Top Class podrás tener un trato mucho más personalizado. Todos los usuarios de este servicio podrán disfrutar de clases con monitores especializados durante las que se les grabará un vídeo en la pista para corregir y perfeccionar la técnica.
Y para aquellos que no deseen esquiar, existen otro tipo de actividades como las excursiones en moto de nieve, en raquetas o mushing (trineo tirado por perros).
EL APRÈS-SKI, LA MAGIA DE UNA TARDE EN LA NIEVE
Pero no todo es deporte o excursión, en las estaciones de esquí hay una tendencia que viene pisando fuerte los últimos años. Hablamos de los après-ski, la auténtica magia de una tarde en la nieve donde poder disfrutar de unas vistas espectáculares con la mejor música.
En Andorra se encuentra el après-ski más aclamado de los Pirineos que se expande más allá de su localización tradicional en el sector de El Tarter (Grandvalira) y llega a uno de los sectores más animados del dominio, el de Pas de la Casa.
Situado a pie de pistas, el nuevo espacio San Miguel está gestionado por el equipo del restaurante Cala Bassa Beach Club de Ibiza y promete dinamizar las noches en la zona con una programación musical que supondrá una alternativa a las célebres noches de L'Abarset.
DORMIR EN UN IGLÚ O COMER EN LA MONTAÑA EN UNA 'FOOD TRUCK'
Y si quieres ir un paso más allá en tu experiencia en la montaña puedes adentrarte en el hotel Iglú de Grandvalira. Además de pasar una noche bajo cero, este año todos aquellos que quieran podrán disfrutar de una cena inolvidable en su nuevo espacio con vistas al antiguo circo glaciar de Pessons y bajo la luz de las estrellas.
Si eres de emociones heladas pero no te atreves a probar una noche en el iglú puedes pasarte a la nueva moda de los food truck en plena montaña. Y es que la estación andorrana se ha sumado a esta tendencia gastronómica que está causando furor en todas partes, eso sí, adaptándola al mundo de la nieve.
Así, gracias a dos máquinas ratrac (pisadoras de nieve) acondicionadas como puntos de restauración itinerantes que recorrerán los seis sectores ofreciendo una oferta gastronómica gourmet a los clientes de la estación. Además, coincidiendo con la próxima llegada de Hard Rock al Principado, la marca americana se encargará de gestionar uno de los food ratracs, donde los visitantes podrán degustar la mejor cocina americana de calidad mientras disfrutan de la mejor música. Un sinfín de planes para disfrutar de unos días en la nieve con la mejor de las compañías.