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¿Hasta que punto es bueno ser siempre una persona sincera?

Es muy corriente escuchar a las personas destacar como uno de sus valores principales el ser sincero. Sin embargo, debemos entender en qué consiste exactamente ese rasgo, ya que muchas veces es más perjudicial de lo que pensamos. Ser sincero no significa decir lo que uno siente tal y como lo siente. Más que nada porque olvidamos que, sin darnos cuenta, no ponemos ningún filtro al expresar nuestras ideas en voz alta, y esto provoca que muchas veces saltemos al vacío de manera inconsciente.
Vamos andando por la vida tratando de ser sinceros y, al menos a mí, en más de una ocasión, me ha causado más de un problema. Y esto no es porque quiera que me valoren como una persona honesta, sino porque, la mayoría de veces, creo que soy más yo mismo si digo lo que pienso.
¿Pero qué ocurre en estos casos? que nos olvidamos de la persona que esta en frente de nosotros, sus sentimientos y emociones. El hecho de querer ser una persona honesta y no falsa, no puede significar que tenga que mostrar mi mensaje dañando a la persona con la que quiero comunicarme.
Al final, el mensaje que pensamos que lanzamos de forma honesta no llega directamente y de la misma manera al receptor. Más de una persona me ha dicho "bueno, es que yo soy así de sincera y tengo que decir lo que siento". Este es el momento de peligro. Olvido que lo que estoy viendo es mi interpretación de los hechos, es una opinión mía y solamente mía de cómo estoy viendo yo la jugada.
Analicemos esta frase: "Es que no me llamas habitualmente y eso no es de buena amiga y esto te lo digo por tu bien". Dentro de este mensaje podemos encontrar varios juicios que solamente tienen que ver conmigo mismo, mi forma de evaluar y que, en el fondo, no me sirven para decir cómo me siento sino cómo yo veo las cosas. "No me llamas habitualmente": aquí dejamos claro un juicio bastante personal ya que, lo que para nosotros es habitual, no tiene porque serlo para la otra persona. "No es de buena amiga": juzgamos que, el hecho de no llamar según la frecuencia que necesitamos, significa que no se es buen amigo, aportamos un juicio general no lo que para mí significa la amistad. "Esto te lo digo por tu bien": con esta frase me estoy poniendo por encima de la otra persona y, sin querer, la estoy tratando de una forma agresiva y con superioridad.
Si tenemos en cuenta todo esto, la intención es simplemente decir cómo nos sentimos con la actitud de la otra persona pero, en el fondo, lo que hemos dicho dice más de nosotros que del otro.
Debemos de cuidar nuestro lenguaje a la hora de comunicarnos. Hay que tener muy en cuenta que esos juicios que nosotros estamos dando como válidos, son únicamente nuestra opinión basada en nuestros propios valores.
Tomarse un momento para analizar el mensaje que queremos lanzar, mirarnos a nosotros mismos y ser conscientes de que, si en todo lo que queremos decir al otro, tiene que ver con nuestra observación de las cosas y mis juicios de valor. Demos una vuelta a nuestros mensajes antes de decirlos en voz alta ya que, si queremos ser sinceros y no sabemos serlo, muchas veces puede ser perjudicial. Seguramente que, si somos pacientes y estamos en equilibrio entre lo que queremos decir y lo que decimos, nos quedaremos mucho más a gusto.