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¿Qué harías si te quedaran 90 minutos de vida?

¿Qué harías si te quedaran 90 minutos de vida? ¿Qué buena pregunta verdad? ¿Alguna vez te ha surgido este planteamiento? ¿Qué crees que harían tus amigos y tus seres más queridos? Esperemos que algo más que twittear.
Pues esta pregunta es la que el director Ramón Fontseré (Els Joglars) y el autor Quim Masferrer le hacen preguntarse a Jorge Sanz.
Durante 90 minutos de vida y durante 90 minutos de obra, abordarán todos los temas que el ser humano se plantearía ante esa tesitura.
Al protagonista de esta obra le acaban de comunicar que le quedan 90 minutos de vida. El espectáculo es una hora y media de la más auténtica y plena libertad que nunca podrá gozar un ser humano. La libertad de pasar cuentas, de decir de verdad todo lo que piensa, de ser sincero por una vez. La libertad de saltarse las normas políticas, sociales y morales. La libertad de quién no se puede encarcelar, ni multar, ni imputar, ni castigar. Una hora y media de intensa tristeza, de crítica desbocada, de ironía, de despedidas, de lamentos, de recuerdos, olores, amigos, paisajes*que nunca más sentirá. Deseos insatisfechos, todo lo que no ha podido hacer ni podrá hacer nunca. Un cúmulo de rabia, rencor, venganza...
LA LIBERTAD DE REÍRSE DEL MUERTO Y DE QUIÉN LO VELA, EL PÚBLICO
Los diferentes estados de ánimo por los que pasa el personaje, no es sino una visión extraída de la realidad. Lo más importante que se puede extraer, y el que quizás cuesta más, es la voluntad de mantener el sentido del humor casi constantemente hasta el final. A veces veremos el personaje sereno y emotivo, a veces de una forma directa y vehemente, con todas sus contradicciones y con todas las taras. Por eso, como aconseja el personaje a los visitantes que le han venido a ver: "desahóguense, desahóguense... no esperen tanto". Y que el humor ponga la distancia necesaria en casos tan extremos como este.