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WannaCry: prosiguen las investigaciones de un ciberataque que aún no ha terminado

Imagine que cogemos el virus de una enfermedad grave y contagiosa y lo convertimos en mucho más contagioso. Eso ha sido el virus informático WannaCry: la fusión de programa que cifra los datos de los ordenadores que infecta y pide rescate con una herramienta que le permite propagarse en la red local en la que entra. Por eso las empresas y los organismos públicos, con muchas maquinas conectadas entre sí eran las víctimas perfectas. Esa herramienta se llama “Eternal Blue”, la desarrolló la NSA para espiar, pero se la robaron y ha acabado en la red.

El ataque ha sido masivo: compañías como Telefónica en España, bancos en Rusia, Hospitales en el Reino Unido, trenes en Alemania. Más de 150 países afectados, más de 150.000 máquinas infectadas y un héroe accidental. Un joven analista británico de 22 años, anónimo., que junto a un compañero dio con la cura casi por casualidad. Se infectó adrede para mirar en el código del virus y dentro encontró un dominio de internet sin registrar. Lo compró y resultó que se trataba del botón del pánico de los hackers, una especie de interruptor para parar la infección. Por eso la amenaza se ha desinflado en apenas 24 horas. Pero el héroe de esta historia alerta en twitter de que hay que actualizarse lo antes posible porque mañana mismo puede volver a pasar.

Lo sucedido pone además de manifiesto que las víctimas no estaban preparadas porque la vacuna, la que habría evitado la expansión entre ordenadores de una misma red llevaba dos meses disponible en internet

De los responsables del ataque, de momento nada se sabe. Si el objetivo era ganar dinero han fallado. Apenas 30.000 euros se han pagado en rescates. Si el objetivo era otro, a día de hoy sigue siendo un misterio.