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Mariana reclama a Francia el esperma congelado de su marido fallecido

Maríana González-Gómez mantiene una batalla contrarreloj. Ella y su marido Nicola, querían ser padres cuando el cáncer se lo llevó el pasado mes de julio en París, donde vivían. Nicola había preservado congelado su esperma antes de someterse a quimioterapia, por si el tratamiento lo dejaba estéril. Pero la enfermedad no le dió la oportunidad de dejar por escrito que quería hijos con Mariana. La española quiso que se practicaran una inseminación artificial con ese material reproductivo, pero la ley francesa no permite esta técnica postmortem. Su petición fue rechazada por un tribunal. administrativo y ahora la ha  elevado al Consejo de Estado. Su última posibilidad.

Su caso ha abierto el debate sobre la inseminación postmorten en Francia. Pero Mariana no puede esperar. Ha vuelto a Málaga y desde alllí ha contado su historia a la cadena francesa France 2. Ha vuelto a españa porque en España la ley sí permite la inseminación postmortem, aunque con condiciones. El hombre debe dejar por escrito en vida su deseo, o es necesario poder demostrar que ese deseo existía, por ejemplo, con visitas a una clínica de reproducción asistida. También hay un límite, la técnica de reproducción para intentar concebir un hijo, debe realizarse en el plazo máximo de un año, desde el fallecimiento del varón. Para poder lograr su sueño de "ser la madre de un hijo del hombre que era mi vida", según sus propias palabras, Mariana ha reclamado a Francia el esperma congelado de su difunto marido. No se lo dan. Y el tiempo apremia. Expertos españoles consultados aseguran que no es fácil que Mariana lo consiga, porque debería quedarse embarazada al primer intento. Y tienen poco tiempo. El próximo 10 de julio se cumple un año de la muerte de Nicola. Y se acaba el plazo legal para la inseminación.