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La práctica de ejercicio físico de forma regular produce adaptaciones beneficiosas para el sistema cardiovascular

La práctica de ejercicio físico de forma regular, sobre todo especialidades en las que predomina el componente aeróbico o de resistencia, produce una serie de adaptaciones beneficiosas para el sistema cardiovascular, como ha asegurado el jefe de servicio de Medicina Deportiva del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, el doctor Luis Serratosa.
El también codirector del libro Cardio Deporte ha afirmado que, "las principales son el enlentecimiento de la frecuencia cardiaca, un aumento de las cavidades cardiacas, un ligero engrosamiento de los espesores de las paredes del corazón, mejora de la función sistólica y diastólica y mejora de la vascularización, tanto del miocardio como de la musculatura activa periférica".
Serratosa también ha explicado que todas estas adaptaciones tienen una clara repercusión en la mejora de la capacidad funcional, no sólo para el rendimiento deportivo, sino también para las actividades de la vida diaria porque ayuda a disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular, sobre todo de cardiopatía isquémica.
BENEFICIOS CARDIOVASCULARES
La práctica deportiva, incluso la que se realiza a alta intensidad y durante muchos años implica numerosos beneficios para el sistema cardiovascular, ya que, "tan solo se ha demostrado un aumento de la incidencia de fibrilación auricular en deportistas que han realizado deporte de resistencia a elevada intensidad durante muchos años, aunque la causa de esta mayor incidencia no está del todo claras".
El especialista recomienda que, para evitar cualquier problema, todos los deportistas y aquellos que quieran iniciarse en la práctica deportiva se sometan a una valoración cardiológica a partir de los 12 años. Este estudio debe incluir una historia clínica detallada buscando síntomas de sospecha, como palpitaciones, dolor torácico, mareo, o síncope asociado al esfuerzo.
Esta valoración debe buscar antecedentes de muerta súbita o cardiopatía hereditaria en familiares de primer grado y una exploración física en la que se intenta descartar la presencia de soplos anormales. También es recomendable realizar junto a estas pruebas un electrocardiograma de reposo, ha valorado el doctor Serratosa.
Dependiendo del nivel del deportista, del hallazgo de las pruebas básicas y del tipo de actividad, también se podrá realizar una ecocardiografia o prueba de esfuerzo.