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Los percebeiros arriesgan sus vidas para conseguir los mejores ejemplares

Estudian bien la zona para ver en qué lugar es menos arriesgado trabajar. Viendo cómo rompen las olas, parece temerario adentrarse en las rocas. Pero para los percebeiros el mar es un viejo conocido al que se enfrentan a diario. Lo hacen en plena alerta amarilla por olas de más de cuatro metros, por lo que se exponen a un riesgo que a menudo les advierte con algún que otro susto. No obstante, saben que no se pueden fiar del mar. José Luis, a sus 66 años, continúa yendo a O Roncudo, una zona que reservan para la fiesta del percebe en julio, y para Navidad. Por eso en este lugar están los mejores ejemplares. Son de mucha calidad, pero es poca la cantidad por culpa del temporal. Una combinación que esperan que eleve el precio y así compense el riesgo.