Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Condena de 10 años de prisión a un neonazi por agredir a un indigente en Madrid

La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a diez años de prisión a uno de los cuatro jóvenes, de ideología neonazi, juzgados por agredir el 23 de agosto de 2009 a un indigente que dormía en un fotomatón de la zona de Moncloa, en Madrid. El condenado lo dejó en coma tras la fuerte paliza que le propinó con permanentes lesiones neurológicas.

En la sentencia la Sala considera a Mykhaylo T. autor de un delito de lesiones con la agravante de alevosia. Además, el condenado deberá indemnizar a la víctima con 300.000 euros.
Asimismo, ha condenado a Javier R. B., María Leticia G. D. e Iván L.G. a pagar una multa de 24 meses a razón de 10 euros por un delito de omisión del deber de socorro. Estos tres deberán responder de forma solidaria en la cantidad de 100.000 euros de los 300.000 euros fijados al anterior.
En el juicio, el fiscal solicito que se abriera un procedimiento aparte contra el abogado Ángel Pelluz, con motivo de las opiniones vertidas en un escrito de defensa en el que aseguraba que añoraba la Ley de Vagos y Maleantes. Al respecto, la Sala señala que responderá a esta cuestión en una resolución diferente.
HECHOS PROBADOS
La sentencia considera probado que los cuatro se encontraban el 23 de agosto de 2009 en la calle Arcipreste de Hita cuando vieron a un hombre durmiendo en la vía pública al lado de un fotomatón.
Así, Mykhaylo T. comenzó a agredirle al estar molesto porque no le habían dejado entrar en un establecimiento. Sus compañeros se marcharon a pesar de que vieron la agresión.  
A consecuencia de la agresión, el hombre sufrió un traumatismo craneoencefálico con contusión hemorrágica intraparenquimatosa, de la que tardó en curar 541 días.
Como secuela, a Rafael le ha quedado una alteración cognitivo-conductual que le limita para cualquier actividad de cierta complejidad, circunstancia en la que requiere supervisión de terceros.