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2017, uno de los años más críticos en el progresivo deshielo del Ártico

Una imagen real, de la NASA, sin interpretaciones ni estudios a futuro, la de la evolución de su superficie y grosor en las últimas tres décadas basta para evidenciar el desastre climático. De una capa de hielo viejo en el Ártico de casi dos millones de kilómetros cuadrados en 1984, ya sólo queda, 32 años después, un seis por ciento en su último periodo estival. Realidad que nos sitúa ante el escenario que alerta para septiembre de este 2017 el catedrático Peter Wadhams, uno de los científicos más reputados sobre la materia, que avanza que este verano podría ser el primero de la historia sin hielo en el Polo Norte. Perdemos hielo milenario, afirma. Perderlo, supone, según los expertos, la liberación de gas metano de los fondos marinos y, por tanto, incrementar la temperatura del planeta. Precisamente el objetivo global a evitar en la reciente cumbre del Clima en París. Dos grados más con unos efectos devastadores en los ecosistemas de cualquier latitud, con estaciones extremas, capaces de generar, además, nuevas crisis humanitarias y económicas, a la vez que se incrementaría el nivel del mar y que, antes de 50 años, tendría consecuencias desastrosas en grandes urbes costeras como Shanghai, Miami, Nueva York, Venecia y, por supuesto, el litoral y los archipiélagos españoles. Deshielo progresivo que de momento también tiene efectos bacteriológicos. Con la liberación de ántrax hasta ahora oculto en el hielo de Siberia y cepas de virus en Escandinavia propias de regiones del trópico.