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Silvia Nanclares, autora de 'Quién quiere ser madre': "El fantasma de la yerma sigue sobre nosotras"

La escritora Silvia Nanclares acaba de publicar su primera novela, 'Quién quiere ser madre' (Alfaguara), una narración de contenido autobiográfico en la que aborda la situación que afrontan las mujeres cuando al borde de los 40 años la biología se presenta como un muro difícilmente superable para materializar su deseo de maternidad, ese que llevan posponiendo largo tiempo en busca de que se dieran las condiciones adecuadas. "El fantasma de la yerma sigue sobre nosotras", afirma.
En una entrevista con Europa Press, Nanclares reflexiona sobre el hecho de que este asunto, como tantos otros que afectan exclusivamente a las mujeres, "siempre se ha abordado en los rincones de las casas, en susurros", no en la literatura, más enfocada a quienes ya eran o iban a ser madres. Si bien en los últimos tiempos las librerías se llenan de títulos que cuestionan la maternidad, ella se pregunta "¿Qué pasa con las que sí quieren ser madres?"
En la novela, es Nanclares, la protagonista, quien siente esa "urgencia biológica" cuando se acercan los 40 años. Su padre acaba de fallecer, ha iniciado una relación y lo de seguir buscando "las condiciones adecuadas" para tener un hijo que dictaba Simone de Beauvoir, ha perdido su sentido en una España en crisis que le hace plantearse por qué no se puso a ello al menos cinco años antes.
"Siempre he querido ser madre, desde muy pequeña, aunque luego he pasado fases en que no lo he visto tan claro y tampoco he querido nunca serlo a toda costa, tenían que darse las condiciones", explica. En este buscar las condiciones, la maternidad se posterga como si no hubiese límite, hasta el día en que la mujer toma conciencia de que lo hay. Y es un shock.
"NOS DIJERON QUE PODÍAMOS VIVIRLO TODO"
"La vida fértil tiene una fecha de caducidad y yo no era muy consciente. Al final de la treintena tienes que negociar con esto. Se te va a presentar esta disyuntiva. Nos dijeron que podíamos hacerlo todo. Vivimos en esa idea ficción de que podemos elegirlo todo y esto te confronta con el hecho de que no puedes saltarte a la torera tu condicionante biológico y es una confrontación muy bestia para una generación que ha crecido con la creencia de que podía tenerlo todo", plantea.
En su opinión, "no se ha tenido esto en cuenta" a la hora de educar en igualdad. "A mi se me ha querido dar las mismas oportunidades que a mis hermanos. Me han dicho, fórmate, encuentra un buen trabajo, crece, disfruta, pero eso igual no es compatible con que a los 37 años decidas tener hijos y es justo cuando tu vida fértil empieza a decaer", comenta.
Para Nanclares, esto es fruto del "cóctel molotov" que suponen la "educación para la productividad y el hedonismo sin medida" combinado con "la ausencia de políticas públicas que apoyen la crianza", como la protección del puesto de trabajo durante la maternidad.
Por eso, a su juicio, es una "mezcla de irresponsabilidad" y "falta de políticas públicas" lo que lleva a las mujeres a esta situación y lamenta que sin embargo, todo el peso caiga sobre ellas. "No, a mi no se me pasa el arroz, es que hay toda una serie de condicionantes y condiciones que me han obligado a dejarlo para más tarde", reivindica.
"MINA MUCHÍSIMO"
Estas mujeres entran en esa espera en la que a golpe de conversaciones con amigas en los bares, reflexiones personales y charlas íntimas de pareja reconstruye Nanclares en su novela, mostrando "el desgaste emocional, la tensión y esa sensación de tiempo detenido" cuando "de repente todo se ha supeditado a ese deseo" y "se desgastan la relación, la vida sexual y el estado de ánimo". "Mina muchísimo", añade.
Se da cuenta del "enorme desconocimiento" que las mujeres tienen de sus propios ciclos y comprueba que "el estigma de la infertilidad sigue siéndolo". "Ese fantasma de la yerma que Lorca tan bien retrató, seguimos teniéndolo muy presente, sigue planeando sobre nosotras, a pesar de que toda nuestra educación en teoría ha sido mucho menos tradicional. Es algo que permanece en nuestro ADN cultural", afirma.
El objetivo es dar frente a ello, una visión "emancipadora". "Aceptarlo es ser capaz de desentrañar qué hay detrás de ese deseo, quién desea mi maternidad. Igual te das cuenta de que el peso de la presión social es más fuerte que tu propio deseo y te toca enfrentarte a su origen y pensar qué vas a perder si abandonas. Y a lo mejor no es tanto, o sí, y pasarás un gran duelo, pero después seguirás viviendo y habrá cosas estupendas", apunta.