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Raquel, de Aldeas Infantiles: "Mucha gente tiene la idea de que somos delincuentes y somos personas educadas en valores"

Raquel de 27 años y ex niña de Aldeas Infantiles afirma que, de los 21 años que estuvo viviendo en casas vinculadas a la ONG, hay dos cosas que le han costado especialmente: separarse de sus abuelos y el sentirse "calificada" por algunas personas. "Mucha gente tiene la idea de que somos delincuentes por las situaciones que hemos vivido y, al contrario, somos personas a las que se nos ha educado en valores", explica en una entrevista con Europa Press.
Nacida en Mallorca, Raquel se mudó de bebé a Tenerife donde sus abuelos maternos ejercieron de padres con ella y su hermana pequeña, hasta que a los seis años una trabajadora social fue a recogerla. "Yo pataleé y pataleé porque no quería que me separaran de mi familia --recuerda--. Pero cuando entré en la casa de Aldeas Tenerife recibí el más maravilloso de los regalos, ¡mi hermana! Fue justo en ese momento cuando pensé que las personas que trabajaban en Aldeas no podían ser malas porque mi hermana, que había llegado unos meses antes, estaba feliz y tranquila".
Al final Raquel vivió en Aldeas Tenerife desde los 6 hasta los 18 años cuando se mudó a otra casa de la ONG pero en la ciudad de La Laguna junto a su Madre SOS, la educadora permanente que tiene cada casa de Aldeas, sus cuatro hermanos de Aldeas y su hermana biológica. "A los 21 años me fui de Erasmus y al volver ya me quise independizar y empezar a trabajar", explica. Desde hace un año, ha montado una empresa de artes gráficas junto a tres compañeros de Aldeas y reciben el apoyo de la ONG gracias a un programa que tienen de emprendimiento. "Nos asesoran sobre cómo desarrollar el proyecto, cómo venderlo, nos presentan a inversores... Los primeros meses han sido duros pero ya hemos recuperado la inversión inicial y estamos viendo cómo crear algo nuevo en la isla", cuenta ilusionada.
Al echar la vista atrás y recordar sus años en Aldeas, Raquel reconoce que, aunque una de las cosas que más le costaron fue separarse de sus abuelos porque tenían "un vínculo muy fuerte", su hermana y ella notaban, cuando las visitaban, que estaban "muy contentos por nosotras".
Asimismo, recuerda que, aunque ella estudiaba mucho e intentaba ser siempre "la mejor de la clase", le costaba mucho cuando la gente les trataba de forma diferente. "Cuando escuchaba 'es de Aldeas' no me gustaba", afirma mientras recuerda una anécdota en el instituto. Habían hecho un exámen y toda la clase había suspendido menos ella "que era muy buena estudiante" y había sacado un 9,75. Muchos compañeros se habían quedado a pocas décimas del aprobado y pedían a la profesora que les subiera a un 5 pero ella les dijo que no podía afirmando que estaban en bachillerato, que debían esforzarse más y que, además, "no eran de Aldeas".
"Yo le contesté que eso no tenía nada que ver, que a los niños de Aldeas se nos había proporcionado una educación, una casa y se nos había apoyado en todo, que no debería de hacer diferencia, --recuerda Raquel--. Mi profesora contó que había aprobado a una alumna de otro curso que era de Aldeas porque 'le daba pena que no viviera con sus padres' y que había que ser 'benevolente'. Ella no sabía que yo también era de Aldeas y cuando le expliqué cómo vivíamos, cambió su visión".
Y es que para esta joven graduada en Administración y Dirección de Empresas, la concepción que se tiene de los niños que no viven con sus padres es errónea. "Precisamente no vivimos con ellos porque con ellos estábamos mal", afirma e incide en que cree que estas situaciones se dan por "ignorancia".
ES MI FAMILIA
Raquel recuerda su infancia con alegría donde vivía en una casa con otros cinco niños, entre ellos, su hermana biológica. El día a día estaba muy estructurado. Desayunaban todos juntos y luego su Madre SOS, la educadora que vive con ellos de forma permanente, les llevaba al colegio. Por la tarde volvían a casa donde los chicos que necesitaban ayuda con los deberes tenían una profesora particular contratada por Aldeas, luego jugaban un rato, baño, cena, un rato de televisión y a dormir. "Muy normal todo", afirma Raquel.
Los fines de semana y los veranos hacían muchas actividades con otros niños de Aldeas Tenerife. En esa época eran nueve casas con un total de 54 niños. "Es como vivir en una urbanización con varias familias y todas se llevan muy bien entre ellas", explica.
A pesar de que Raquel tiene otros cuatro hermanos biológicos, confiesa que no tiene casi relación con ellos. "Al final es cierto lo que dicen de que el roce hace el cariño y para mí, mis hermanos de Aldeas son más hermanos que mis biológicos. Hace unos días mi hermana mayor cumplía 29 años y nos reunimos todos para celebrarlo. En Navidades hacemos lo mismo. Es mi familia", concluye.