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¿Porteros o matones?

El pasado domingo tres porteros de la discoteca 609 de Murcia rodeaban al joven Andrés Martínez. Discutían por un incidente en la puerta del local cuando uno de los porteros le propinó un brutal codazo en la cara que dejó a Andrés inconsciente y los tres porteros se fueron, dejando al joven tirado en la acera.

Este fin de semana, en el 609, dónde trabajaba el agresor de Andrés ya no hay porteros, o dicho con propiedad, controladores de acceso. En la puerta hay un vigilante de seguridad uniformado.

Eleuterio Gutiérrez, presidente de la Asociación Nacional de Directores de Seguridad S.XXI diferencia claramente entre unos y otros, los porteros, a diferencia de los vigilantes de seguridad, no pueden ejercer labores de seguridad. Sus atribuciones no van más allá de las de un conserje: evitar que entren menores, que se supere el aforo o avisar a las autoridades si pasa algo. Gutiérrez opina que en ocasiones se les contrata porque suelen ser corpulentos y tienen fama de ser peligrosos. Y la fama parece merecida porque las agresiones no son algo excepcional. En ocasiones con consecuencias fatales.

El 27 de enero de 2002 tres porteros de la discoteca Maremagnum de Barcelona le dieron una brutal paliza al ciudadano ecuatoriano Wilson Pacheco, pero no les bastó con eso y lo tiraron al agua. Wilson Pacheco se ahogo, y sus agresores fueron condenados a 13 años de cárcel. A 15 fue sentenciado, y aún sigue en prisión, el portero que mató al joven Álvaro Ussía a las puertas de la discoteca Balcón de Rosales en Madrid en 2008, le reventó el corazón al tirarse de rodillas sobre su pecho. Aquel año se decidió regular el sector. Las competencias para hacerlo las tienen las comunidades autónomas y no todas han avanzado al mismo ritmo. Eleuterio Gutiérrez afirma que en Madrid y Barcelona a los controladores de acceso se les exige pasar un examen y un test psicotécnico, pero que en ningún caso esa formación es comparable a la de un vigilante de seguridad. En el caso de Murcia, el Gobierno regional ha reconocido que su normativa se aprobó en 2011, pero que aún no estaba desarrollada.

Ante cualquier agresión por parte de un portero los abogados recomiendan que se llame a la policía que se denuncien los hechos y que se documenten con un parte de lesiones.

En el caso de Andrés Martínez el video ha sido crucial. Su agresor está en prisión y se enfrenta a cargos por tentativa de homicidio y lesiones graves, delitos que podrían costarle hasta 15 años de cárcel.