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Más cerca de la píldora que "quema calorías"

Investigan para obterner un fármaco basado en la irisina, una nueva hormona

“Cuesta mucho perder peso”. Y no lo dice una persona desesperada con esos kilos de más tras los excesos navideños ni alguien que se ha apuntado al gimnasio con la esperanza de, este año sí, acudir regularmente para ponerse en forma. Lo constata el doctor Francesc Villarroya, jefe de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red  adscrito a la Universidad de Barcelona. Por eso, una píldora que ayude a adelgazar es una esperanza tanto para los obesos como para cualquier persona que aspire a adelgazar unos kilos.
La píldora puede llegar en tan sólo dos años a partir de la investigación que realiza un grupo de científicos dirigidos por Bruce Spiegelman,  en el Instituto del Cáncer Dana-Farber Boston, en EEUU. El medicamento se basa en el reciente descubriendo de una hormona, la irisina, capaz de enviar un “mensaje” para que el cuerpo aumente la quema de calorías, igual que hace el ejercicio.
Como explica el doctor Villarroya, al hacer ejercicio los músculos liberan esta hormona nueva, que activa la grasa parda, opuesta a la grasa blanca que es la que se acumula en los famosos ‘michelines’. Esta grasa parda, que se encuentra en muy poca cantidad en el organismo, funciona como “un horno de combustión, quemando calorías”.
La píldora provocaría el mismo efecto que el ejercicio estimulando la acción de la grasa parda por lo que “ayudaría a adelgazar”.
“Aunque los efectos del ejercicio son muy saludables independientemente de la pérdida de peso, ésta a veces no se produce. Cuesta mucho perder peso. Y, a veces, el ejercicio tiene un efecto orexigénico (lo contrario a la anorexia), estimula el hambre”, explica el doctor Villarroya. De tal manera que, en ocasiones, el ejercicio nos deja como estábamos. “Lo comido por lo servido”, observa el doctor.
Las dietas, el consumo moderado de alimentos, tienen unos efectos muy limitados estadísticamente. De hecho, señala Villrroya, “la OMS está desesperada por revertir los índices de obesidad”, sin mucho resultado.  “Cuando se dice que la solución a la obesidad es dejar de comer, no es tan fácil”, subraya el doctor. El consumo menor de calorías no siempre se traduce en reducción de peso. “Hay muy poca gente obesa que no recaiga sólo con la dieta”.
Hasta ahora sólo se contaba con los consejos dietéticos y con las operaciones. Un medicamento de este tipo sería “una ayuda farmacológica” que se situaría en medio de los consejos dietéticos y las operaciones de reducción de estómago. Las operaciones quedarían para los casos más extremos de obesidad mórbida y se reducirían las intervenciones para muchos de los casos que ahora sólo tienen como opción el quirófano.
El doctor Villarroya se resiste a realizar una predicción temporal sobre cuándo tendremos el medicamento  porque “el desarrollo farmacológico es muy lento, requiere muchos controles”, pero sí afirma que sería importante ya que “nos hemos quedado sin medicamentos para tratar la obesidad, no tenemos armamento farmacológico”.