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Pistorius, culpable de homicidio involuntario

Rostro impasible al escuchar su veredicto: Culpable del homicidio involuntario de su novia. Ni siquiera ha habido murmullos en la sala aunque lo más impactante era el aspecto sereno de los padres de Reeva Stin-Kamp, su víctima. Tal vez, porque era lo que todos esperaban después de que ayer Óscar Pistorius llorara como un niño al librarse de la acusación de asesinato y con ella, de la cadena perpetua. La jueza ha dado por buena la tesis de que aquella noche, el atleta creyó que un intruso había entrado en su casa y que, presa de un ataque de pánico porque no llevaba puestas sus prótesis, disparó cuatro veces a través de la puerta del baño sin saber que estaba apuntando a su chica. Ahora, tendrá que esperar bajo arresto domiciliario a que se concrete su pena de prisión, que podría quedarse en siete años. Quizás por eso su familia ha intentado calmar las aguas y como ha dicho su tío: no ha habido vencedores, ni vencidos en un caso que ha conmocionado Suráfrica. Porque eran su pareja con mayúsculas. Él, su atleta más conocido, el "blade runner", el Corredor Cuchilla por la forma de las prótesis de carbono sobre las que corría, ejemplo de superación tras perder las piernas por una enfermedad siendo tan solo un niño. Ella, una abogada reconvertida en modelo cuya carrera empezaba a despegar a nivel internacional.Ante los focos y las cámaras, una pareja feliz. En la intimidad, ella había confesado que a veces le daba miedo el temperamento explosivo de Óscar como cuando disparó un arma en un restaurante y que tampoco le gustaba que durmiera siempre con una pistola al lado de la cama.