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Obligada a tratar con su violador para concertar sus visitas a la hija que comparten

Obligada a tratar con su violador para concertar sus visitas a la hija que compartenGTRES

"Atrapada". Así describe Noemi, madre de 18 años, cómo se siente tras el limbo legal en el que se ha visto inmersa debido a las leyes de Nebraska, EEUU, en materia de responsabilidad parental y derechos de custodia y visita, los cuales establecen que su violador, –que a su vez el padre de su hija, concebida tras el asalto sexual–, tiene derecho a ver a la pequeña semanalmente y sin supervisión.

Con una indescriptible sensación de impotencia, con incredulidad, con rabia y sobre todo con miedo. Así es como se siente Noemi, una madre de 18 años que se ha topado con la cruda realidad de las leyes que se aplican en el estado de Nebraska, EEUU, en materia de responsabilidad parental y derechos de custodia y visita, –sin haber hecho excepciones en un caso tan sumamente delicado como el suyo–. Y es que la aplicación de estas normas para ella suponen un auténtico calvario, dado que el padre de su hija es el mismo que la violó. Es decir, la pequeña nació por aquel asalto sexual.
Por esta razón, cuenta Noemi, se ve obligada a mantener contacto con su agresor: "Ahora tengo que mensajearme o escribir por email a mi violador. Para dejarle a mi hija a alguien en quien no confío. Estoy obligada a verle en un régimen semanal... hablarle de las actividades escolares de mi hija y su salud", explica.
Así, su mayor miedo es que la pequeña resulte "herida, o le suceda algo malo", viviendo en una completa incertidumbre y un pánico continuo: "No puedo decir que es lo que le hará a mi hija", relata en declaraciones a CNN, que destaca que el problema no es insólito y singular, sino que se sucede también en otros lugares de América en una estadística que, si bien no está cifrada con exactitud, existe y es igualmente preocupante.
De esta manera, atrapada en un limbo legal, Noemi lucha por encontrar una salida a una situación en la que por momentos, entre lágrimas, reconoce estar "atrapada".
Su violación tuvo lugar en 2011, cuando trabajaba con un contrato parcial en un restaurante ubicado en la localidad de Norfolk. Entonces, "no tenía ni idea de lo que significaba el sexo", afirma. Una noche, un compañero la invitó a su casa y fue cuando abusó de ella sexualmente, tal y como fue reconocido en el juicio que le condenó por asalto sexual.
Sin embargo, en lugar de aplicarle el primer grado por este delito, fue en tercer grado, diferencia clave para que éste vea garantizado su derecho paternal, gracias al que ha conseguido visitas a su hija sin supervisión durante varias horas los fines de semana y dos martes de cada mes.
"Tiene ese derecho del estado y no hay nada que pueda hacer", dice Noemi, que explica que aunque durante unos instantes pensó en abortar después de descubrir que se había quedado embarazada, "después de ir al doctor y escuchar el latido del corazón de la niña, era duro decir que no" a su nacimiento, dado que, recalca, no es culpa de su hija haber sido concebida usando la violencia.