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Deja que tu hijo se aburra

Deja que tu hijo se aburracuatro.com

Teresa Belton, investigadora de la Universidad de Educación y Aprendizaje Permanente de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), considera que dejar que los más pequeños se aburran es beneficioso para ellos, pues potencia su imaginación y su creatividad. Lo ha comprobado tras hablar con numerosos artistas, científicos y escritores que, tras horas muertas de aburrimiento y soledad, se convirtieron en grandes intelectuales.

Todo comenzó cuando Belton se reunió con la escritora británica Meera Syal y el artista Grayson Perry. A la primera, el aburrimiento le impulso a escribir, mientras que Perry considera esos momentos un "estado creativo". Ellos dos fueron los primeros de un amplio grupo de artistas, científicos y escritores con los que habló la investigadora.
Syal le contó sus recuerdos de la pequeña aldea minera en la que creció, un lugar con pocas distracciones. "El aburrimiento se asocia con frecuencia a la soledad y Syal pasó horas de su vida, durante su infancia, mirando a través de la ventana por campos y bosques, viendo el cambio de clima y las estaciones", explicó Teresa Belton a la BBC. Pero lo más importante es que esas horas sin nada que hacer la llevaron a escribir todo lo que se le pasaba por la cabeza de pequeña y, con el tiempo, la literatura se ha convertido en su modo de vida. 
El artista inglés Perry piensa que el aburrimiento no solo es beneficioso para los niños. "A medida que me hago mayor, agradezco la reflexión y el aburrimiento. El aburrimiento es un estado muy creativo", explica.
Sin embargo, Belton, experta en cómo las emociones afectan al comportamiento y aprendizaje de las personas, constata que el aburrimiento puede ser una "sensación incómoda", por lo que la sociedad actual ha "desarrollado la expectativa de estar constantemente ocupado y estimulado". Quizás ese sea el motivo por el que los niños de hoy en día, cuando no saben qué hacen cogen la consola o se ponen a ver la televisión.
"Pero los niños necesitan tener tiempo para 'no hacer nada', tiempo para imaginar y perseguir sus propios procesos de pensamiento o asimilar sus experiencias a través del juego o simplemente observar el mundo que les rodea", explica Teresa Benton y aconseja dejar que los más pequeños de la casa se aburran y echen a volar su imaginación.