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Medio centenar de religiosas de Iesu Communio se trasladarán a Valencia para fundar su primera comunidad fuera de Burgos

El instituto religioso Iesu Communio fundará su primera comunidad fuera de Burgos en un antiguo convento de las madres Salesas en el pueblo de Godella, en Valencia, hasta donde se desplazarán medio centenar de las religiosas.
"Os comunicamos la alegría de que Dios abre a Iesu Communio un nuevo camino. Nuestra primera fundación será en la Diócesis de Valencia, en el pueblo de Godella", anuncian las religiosas de La Aguilera en un comunicado en su página web recogido por el Arzobispado de Burgos.
Las religiosas llegarán a Godella el próximo 10 de junio y celebrarán una eucaristía de acción de gracias y petición, aunque aún no tienen concretado el lugar ni la hora. "Como no queda mucho tiempo, queríamos comunicároslo para que quienes deseéis, podáis reservar ese día", indican, al tiempo que piden "apoyo y colaboración".
Se trata de la primera vez que este instituto funda una nueva comunidad religiosa con el mismo carisma. La oportunidad ha llegado desde el arzobispado de Valencia, quien oferta a las religiosas ocupar un convento recientemente abandonado por las Hermanas Salesas. Allí deberán realizar algunas obras de mejora para cumplir la ley y adaptarse a la nueva realidad.
Al nuevo edificio esperan poder trasladarse 50 religiosas y desearían ampliar las celdas hasta completar las 72. Las monjas aseguran estar muy contentas ante la nueva oportunidad. Valencia ha sido siempre una diócesis a la que tienen especial cariño porque numerosos grupos de personas que las visitan proceden de allí.
Iesu Communio es un Instituto religioso femenino de derecho pontificio. Está formado por 206 jóvenes religiosas dedicadas a la oración y a hacer apostolado, a la espera de que ingresen cuatro nuevas jóvenes en las próximas semanas. La mayoría son jóvenes, universitarias y visten con un hábito de una tela parecida a la vaquera.
Aunque su aprobación llegó del Vaticano en 2010, sus orígenes se remontan a 1984, cuando una joven Verónica María Berzosa ingresó en el monasterio de la Ascensión de las Damas Pobres de Santa Clara de Lerma. En aquel momento, la comunidad de religiosas estaba formada por 25 profesas solemnes. Sor Verónica llegó tras 23 años de ausencia de vocaciones.
Diez años después de su admisión, fue nombrada maestra de novicias y a los dos años de su nombramiento, tenía a su cargo a siete novicias y once postulantes. "De este grupo de jóvenes religiosas brotaba una especial alegría, fruto de pertenecer a Jesucristo. Y todas ellas fueron creciendo en una especial sensibilidad en la comprensión y sintonía con los Padres de la Iglesia", explica el Arzobispado de Burgos.
GRAN NÚMERO DE VOCACIONES
Tal era el flujo de jóvenes llamadas a aquella forma de vida religiosa, que dicho monasterio resultó ser insuficiente para acogerlas a todas. Al mismo tiempo, las Hermanas Clarisas del monasterio de Briviesca y de Nofuentes (Burgos) habían pedido ser recibidas en Lerma. Se hacía necesario un nuevo lugar para acoger a las numerosas religiosas y atender a las personas que las visitaban, por lo que finalmente lograron establecerse en el santuario de San Pedro Regalado, situado en La Aguilera, cerca de Lerma.
En marzo de 2009, la comunidad eligió a sor Verónica como abadesa y las hermanas solicitaron al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada ser constituidas en una única comunidad en dos sedes diferentes (Lerma y La Aguilera) y con un único gobierno. Dicha solicitud fue aceptada en junio de 2009 por un periodo de tres años, con el encargo de establecer claramente lo que las hermanas se sentían llamadas a realizar.
El 8 de diciembre de 2010, quedó decretado que el monasterio autónomo de la Ascensión de Lerma se transformaba en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio denominado Iesu Communio y se aprobaron sus constituciones 'ad experimentum' por cinco años. Se reconocía a sor Verónica Berzosa como fundadora y se la confirmaba como superiora general del nuevo instituto.
Además, se encomendó al arzobispo de Burgos el especial cuidado y vigilancia de la vida del nuevo instituto, sin perjuicio de la autonomía de vida y gobierno propia de un instituto religioso. Transcurridos los cinco primeros años ad experimentum, la Santa Sede los ha prorrogado por otro lustro más, como es habitual en estos casos.