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Juan José Gómez, óptico voluntario en Marruecos: "No teniendo nada, te lo dan todo. Aquí en Europa es al revés"

Juan José Gómez, óptico que ha estado de voluntario esta pasada Semana Santa en Marruecos realizando revisiones visuales a la población, afirma que lo que más le ha impresionado de su viaje es la gran hospitalidad y acogida que han recibido. "Es increíble como, no teniendo nada, te lo dan todo y aquí en Europa es totalmente al revés", explica.
Gómez ha viajado con otros seis compañeros en la decimotercera edición de la expedición solidaria 'El Desierto de los Niños', organizada por la Asociación Desierto Niños (ADN) y donde colabora la Fundación Alain Afflelou. Durante ocho días recorrieron alrededor de 2.000 kilómetros y realizaron 764 graduaciones, unas veces en asociaciones, otras en ayuntamientos y otras en colegios. "La hospitalidad es increíble --explica Gómez en una entrevista con Europa Press--. Cada día, los siete compañeros comíamos en casa de alguna persona del pueblo lo que para ellos significaba un sacrificio importante pero lo hacían con una sonrisa".
De todas las personas (niños y adultos) a los que realizaron la revisión, 541 necesitaban gafas. "Las graduaciones ahí son muchas más altas que en España, hemos visto a muchas gente con más de 20 dioptrías", añade.
De vuelta a España, los ópticos montan las gafas que han prescrito y las entregan a la asociación ADN que es la encargada de repartirlas en su destino. Además, han entregado 500 gafas de sol entre la población local ya que la exposición al sol es tan alta que se convierten en un producto de primera necesidad. De esta forma pueden prevenir los abundantes casos de cataratas, edemas corneales o pterigión tan comunes en esa zona.
Gómez reconoce que desde que un profesor de la carrera le habló de un viaje que había realizado a Mozambique, siempre "le había picado el gusanillo" de tener una experiencia parecida. Ahora no duda en querer repetir el año que viene. "He vuelto feliz", afirma. Y recuerda cómo un día llegó una niña de 7 años que tenía 11 dioptrías. "Llegó un poco asustada pero a medida que le fuimos graduando se le fue cambiando la cara y empezó a reírse. Eso es lo más bonito que he vivido en mi carrera profesional", añade.