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Esther podrá caminar tras ser operada de espina bífida en el vientre de su madre

La niña, de cinco meses, verá reducidas sus secuelas neuronales

Hoy todos hemos concoido a Esther, una pequeña de cinco meses, que gracias a la intervención del equipo médico del hospital barcelonés del Vall d'Hebron podrá caminar cuando crezca. A Esther le diagnosticaron espina bífida cuando aún era un feto y siendo un feto la operaron de forma intrauterina con un método pionero, que consiste en colocarle un parche sintético que reabsorbe la piel del bebé. Hoy los médicos que la atienden han explicado que Esther verá reducido el deterioro cognitivo que conlleva la hidrocefalia que padece y aumentará la capacidad de controlar los esfínteres.
El Hospital Vall d'Hebron de Barcelona ha operado con éxito la espina bífida de un feto, durante la semana 24 de gestación, mediante una operación intrauterina que constituye el primer caso del mundo en el que la reparación de esta malformación congénita del sistema neuronal central se trata con un parche sintético, reabsorbido por la piel del mismo bebé.
En rueda de prensa, los responsables médicos de la operación han explicado que la intervención permitirá a la niña caminar en un futuro, a la vez que verá reducido el deterioro cognitivo que conlleva la hidrocefalia asociada a esta malformación y aumentará la capacidad de controlar los esfínteres --otra de las secuelas de la espina bífida--.
El mielomenincogele o espina bífida afecta a uno de cada 1.000 recién nacidos en el mundo, que la padecen por una predisposición genética mezclada con factores ambientales que todavía se desconocen, y se desencadena cuando el feto en desarrollo no cierra por completo la columna vertebral y la médula espinal, por lo que el líquido amniótico de la placenta daña el sistema neuronal del futuro bebé, a la par que se produce una fuga del líquido cefaloraquidio.
La novedosa técnica consiste en la fijación de un parche, compuesto de colágeno y elastina, en la parte expuesta de la columna del feto, que si fija con un adhesivo, lo que permite que el bebé prosiga su gestación sin tener el sistema neuronal central expuesto a sufrir un deterioro mayor.
El feto, tras la operación, prosiguió con su gestación hasta la semana 32, Esther nació el pasado 22 de mayo después de una cesárea, y pese al seguimiento médico que tendrá que hacer de por vida y a la posible afectación futura, los responsables médicos han subrayado que su situación es mucho mejor para poder encarar la vida de forma independiente.
"La vida es una lucha y vamos ganando", ha resumido el padre, Pavel Bota, natural de Rumanía y residente en Solsona, quien ha relatado cómo, a pesar de ser conscientes del riesgo que existía para hija y madre, decidieron seguir adelante con el embarazo movidos por la fe y con el deseo de traer al mundo a la niña.
La coordinadora de la Unidad de Espina Bífida del Vall d'Hebron, Ampar Cuixart, ha relatado como la novedosa técnica permite "intentar prevenir" las secuelas de la espina bífida, si bien ha comentado que, actualmente, la mayor parte de los padres optan por una interrupción voluntaria del embarazo (IVE).
Células madre
El director de Investigación en Espina Bífida, César García Fontecha, por su parte, ha relatado cómo el futuro pasa por la investigación con células madre pluripotenciales extraídas del mismo líquido amniótico, que podrían revertir la malformación al aplicarlas en el momento de fijar el parche.
"Estamos progresando a muy buen ritmo", ha precisado, al mismo tiempo que confían en poner en marcha una cirugía todavía menos invasiva que no requiera practicar una incisión sobre la barriga de la madre.
El éxito de la operación ha sido posible tras ocho años de investigación y múltiples experimentos realizados en conejos y ovejas, aunque el alcance real de mejora podrá apreciarse completamente en tres o cuatro años, cuando la niña haya crecido más.
Hasta la fecha se habían realizado en el mundo diversas operaciones intrauterinas de reparación de espina bífida --la primera en España se llevó a cabo en Sevilla hace cuatro años--, si bien mediante un proceso más invasivo que, pese a suponer la mejorar del recién nacido, conllevan más riesgo que el parche utilizado en el Vall d'Hebron.