Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Entreculturas y JRS defienden el derecho a la educación de los refugiados para "soñar" con una mejor sociedad

La ONG Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) han lanzado 'Education opens the world', campaña internacional en la que piden a las instituciones que promuevan el derecho a la educación entre los refugiados.
Así lo ha afirmado el director de Entreculturas, Daniel Villanueva, que ha presentado esta campaña con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas y Desplazadas --que se celebra el próximo martes 20 de junio--. La campaña tiene como objetivo favorecer el acceso a la educación de 100.000 personas refugiadas para 2020.
Para Villanueva, esta educación debe ofrecer "herramientas para el futuro a los refugiados y refugiadas", pero también tiene que ser una educación "que abra al mundo" y "que atienda a las causas profundas que están detrás de la movilidad forzosa". "Que nos ayude a entender que somos parte de una familia común y, en definitiva, que nos permita soñar con una sociedad constructiva en la que sea posible confiar en las políticas de seguridad y cohesión social", ha añadido.
"Es un derecho que abre la puerta a otros derechos", ha mencionado Villanueva, que también defiende que la educación favorece tanto el diálogo como la paz. "Como humanidad, no podemos estar indiferentes a la dificultad de ejercer este derecho", agrega.
Según ha recordado, el año pasado más de 60 millones de personas se vieron obligadas a desplazarse, y de ellos, más de 21 millones son niños, los cuales viven en entornos de conflicto y en contextos de violencia, con la limitación de no poder acceder a la educación.
Por su parte, la responsable de Migraciones y Desarrollo de la ONG, Cristina Manzanedo, ha destacado tres puntos relacionados con el fomento de la educación. Por un lado, ha defendido la educación directamente en las personas refugiadas porque, a su juicio, crea un "primer efecto de estabilización" al ofrecer un "entorno seguro" alejado de la explotación laboral o la violencia. "Los refugiados tienen sueños pero no tienen medios", ha lamentado Manzanedo, que incide en la "capacidad transformadora" de este derecho.
El segundo punto es el papel de la cooperación internacional. En este sentido, Manzanedo considera que el panorama es "pesimista", pues está habiendo una "demanda creciente" de educación al aumentar los desplazamientos, y porque la educación ha pasado a ocupar un segundo lugar en la Agenda de los organismos internacionales.
Manzanedo considera que esta situación se ha visto reflejada en la cooperación española, pues, según ha comentado, desde 2008 ha habido una "drástica reducción", del 90%, de los fondos destinados a educación de los refugiados. "Vemos con preocupación el hecho de que la cooperación y la ayuda humanitaria se aleja de la educación", ha lamentado.
"Cada vez más, en las sociedades receptoras y prósperas del planeta, la cooperación se está instrumentalizando como una estrategia a cambio de las políticas de control migratorio más allá de nuestras fronteras, que tienden a descargar la responsabilidad de la acogida en terceros países", ha criticado.
Finalmente, Manzanedo ha abogado por subrayar la importancia que también tiene la educación en las sociedades receptoras, pues así se podrán "superar miedos, prejuicios o muros" con respecto a las personas refugiadas que acogen.
DE REFUGIADA RUANDESA A MÉDICO
Durante la presentación de la campaña, ha estado presente Mireille Twayigira, una refugiada ruandesa que a los 25 años es médico. Actualmente, ejerce su profesión en un hospital de Malawi, país del que tiene la nacionalidad y donde estuvo viviendo durante años en un campo de refugiados.
"La educación ha cambiado mi vida", ha señalado la doctora, que ha relatado su historia. Según ha narrado, fue a los dos años cuando ella y su familia tuvieron que huir del genocidio que se estaba produciendo en su Ruanda natal en 1994, en el que mataron a su padre. Entonces, ella, su madre, abuelos y tíos, huyeron a Burundi y de allí a República Democrática del Congo, donde su madre falleció en un campo de refugiados. Junto a sus abuelos continuaron huyendo hacia Angola, pero volvieron a Congo, de ahí a Zambia y, finalmente, a Malawi, en el año 2000.
Tal y como ha señalado, fueron a un campo de refugiados en la capital de Zambia (Lusaka) para que ella pudiese estudiar. "Gracias a esto, sentí amor por la educación", ha confesado la doctora. En cambio, decidieron moverse a otro campo de refugiados en Malawi, en Dzaleka, para tener una mejor educación porque era allí donde "estaban los mejores profesores".
Fue en Dzaleka donde comenzó sus estudios de primaria junto al Servicio Jesuita a Refugiados. Dado que no había en aquel momento escuela secundaria, Mireille fue seleccionada para poder ir a una escuela fuera del campamento de refugiados y acabó completando su educación siendo de las seis mejores estudiantes de todo el país, lo que llamó la atención del gobierno chino, que le concedió una beca de estudios.
Pero el problema era que no tenía la nacionalidad de Malawi, pero una emisora de radio hizo una campaña para que la consiguiera. Así, en 2010 pudo viajar al país asiático para, primero estudiar el idioma, y después la carrera de Medicina. Se graduó en julio de 2016. "No todo el mundo tiene las mismas oportunidades que yo", sentencia Twayigira, que lanza un mensaje de "esperanza" a todos aquellos que se encuentren en su situación y que se define como "la prueba viviente" de los efectos positivos que tiene la educación en personas como ella.