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“Alguien me robó imágenes desnuda. Esto es lo que hice al respecto”.

“Alguien me robó imágenes desnuda. Esto es lo que hice al respecto”.Cecilie Bødker

En octubre de 2011, la periodista danesa Emma Holten no pudo acceder a su Facebook. Pensó que su contraseña no funcionaba, pero cuando pudo entrar se encontró con cientos de mensajes e imágenes suyas desnuda con 17 años. Era víctima de lo que se conoce como ‘porno vengativo’. Las imágenes estaban ahora online. Y con ellas cientos, miles de mensajes de hombres desconocidos que comentaban y hacían  repugnantes alusiones a unas fotografías íntimas colgadas en la red por su exnovio.

“Los hombres que veían mis fotos sabían que era contra mi voluntad, que yo no quería estar ahí. La falta de mi consentimiento les resultaba erótica, disfrutaban de mi sufrimiento. Saber que eso les calentaba me hacía sentir como si tuviera una soga alrededor del cuello”, confesaba la joven tres años más tarde en la web feminista Hysteria. Ese sentimiento fue el que la impulsó a luchar contra el porno vengativo posando desnuda para la fotógrafa Cecilie Bødker.
“Una cosa es ser sexualizada por personas que te atraen, y otra muy distinta cuando falta un ‘tú’, cuando la deshumanización es el principal factor. Me di cuenta de que si hubiera sido una modelo sexualizándome a mí misma, hubiera tenido poco interés. Mi cuerpo no era el factor llamativo. Incluso más, veo que mi pérdida de control legitimiza el acoso. Era una mujer caída, el juego de alguien”, explica Holten en Hysteria.  
Holten ha confesado que ser víctima de este tipo de delito sexual fue una experiencia que la llevó a sentirse avergonzada y mal consigo misma a pesar de ser consciente de no haber hecho nada malo. Su manera de enfrentar el abuso ha sido hacerlo más visible. “El problema suele ser que no quieres llamar la atención sobre las fotos no consentidas y por eso no dices nada. Pero yo he decidido hablar”.
En una entrevista a la edición estadounidense de la revista Elle, la joven ha explicado por qué tomó la determinación de protagonizar una sesión fotográfica desnuda de nuevo: “Es un acto de activismo, para crear conciencia, para subrayar la cantidad de gente que ni siquiera ve la diferencia entre una imagen compartida con o sin consentimiento”.
“Las imágenes son un intento de convertirme en un sujeto sexual en lugar de en un objeto. No me avergüenzo de mi cuerpo, pero es mío. El consentimiento es la clave. Igual que una violación y el sexo no tienen nada que ver el uno con el otro, las fotos compartidas con y sin mi consentimiento son cosas completamente diferentes”, explica.
“Si no distingues entre una imagen compartida con o sin consentimiento, eres parte del problema”, sentencia. “Es importante dejar claro que con estas fotos no he hecho lo mismo que me hicieron. Mi consentimiento sí importa. Es lo más importante de hecho. Sin él no es una foto, es  simplemente una violación”.