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Diseñan un programa de ayuda psicológica para reducir el miedo a la recaída de los supervivientes al cáncer

Investigadores de la Universidad de Sydney (Australia) han diseñado una intervención psicológica que puede reducir el miedo a la recaída que tienen las personas que han superado un cáncer, algo que afecta a alrededor de la mitad de estos pacientes y hasta el 70 por ciento de las jóvenes que sobreviven a un cáncer de mama.
"El número de personas que sobreviven al cáncer es más alto que nunca, pero muchos temen que la enfermedad reaparezca incluso mucho tiempo después de haber finalizado el tratamiento", según ha destacado la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO, en sus siglas en inglés) durante el congreso anual que se celebra estos días en Chicago, donde se ha presentado dicho método.
El problema de este miedo es que puede ser tan angustioso que afecte negativamente al comportamiento de los pacientes durante el seguimiento médico, a su estado de ánimo y a las relaciones laborales o personales. Y según reconocen los expertos, todavía se echan en falta intervenciones específicas para aliviar este temor.
En un ensayo clínico aleatorizado de fase II, una intervención psicológica llamada 'Conquer Fear' (Superar el miedo) disminuyó sustancialmente el miedo a la recurrencia inmediatamente después de la intervención y entre 3 y 6 meses después.
Tanto la ansiedad general como la angustia específica por el cáncer o la calidad de vida fueron mejores en el grupo sometido a dicha intervención psicológica inmediatamente después del tratamiento.
"La reducción fue lo suficientemente grande como para mejorar el bienestar psicológico y emocional de los supervivientes", ha señalado la oncóloga Jane Beith, principal autora de dicha terapia psicológica, que todavía no se utiliza en la práctica clínica y se basa en un nuevo marco teórico de cinco sesiones individuales de 60 a 90 minutos, cara a cara, que se prolongan durante 10 semanas.
En ellas se aborda la necesidad de aceptar la incertidumbre inherente a la reaparición del cáncer, con estrategias para controlar esa preocupación y dando a los supervivientes más control sobre dónde ponen su atención, ayudándoles también a centrarse en lo que quieren de sus vidas pero siempre manteniendo un nivel razonable del riesgo de que se detecte un nuevo tumor.
Los investigadores incluyeron en su trabajo a 222 supervivientes de cáncer de mama en estadio I-III, cáncer colorrectal o melanoma que dijeron tener un alto miedo a la recaída, y fueron distribuidos de forma aleatoria bien a someterse al programa 'Conquer Fear' o a participar en terapias de relajación, que fueron utilizadas como grupo control.
Todos los supervivientes habían completado el tratamiento entre dos meses y cinco años antes de inscribirse en este estudio y estaban libres de cáncer en el momento de la intervención, y en ambos grupos se dieron instrucciones para seguir los progresos en casa.
CUESTIONARIO Y ESCALA DE 0 168 PUNTOS
Para medir el cambio en el miedo a la recaída, los investigadores utilizaron las puntuaciones totales de un cuestionario validado de 42 preguntas llamado Fear of Cancer Recurrence Inventory (FCRI), que incluye una escala de 0 a 168, en el que las puntuaciones más altas indican un mayor temor a la recaída.
La puntuación media FCRI al inicio fue de 82,7 en el brazo del grupo intervenido y de 85,7 en el brazo de control. El resultado primario del estudio, la puntuación total del miedo al cáncer, se redujo significativamente más en el grupo de intervención (18,1 puntos de media) que en el grupo control (7,6 puntos de media) inmediatamente después de la intervención.
Además, las puntuaciones continuaron disminuyendo con el tiempo, con una diferencia significativa entre los grupos a los 6 meses, disminuyendo en 27,2 puntos en promedio en el grupo de intervención y 17,8 puntos en promedio en el grupo de control.
Los investigadores también exploraron otros aspectos como la angustia específica causada por el cáncer (con pensamientos vinculados a la enfermedad), la angustia general (ansiedad, depresión y estrés) y la calidad de vida (dolor físico, salud mental, felicidad y autoestima). La intervención psicológica tuvo un mayor efecto positivo en estos resultados que el entrenamiento de relajación.