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El responsable del Bio-Bac insiste en que era un complemento dietético

El responsable del falso fármaco anticáncer Bio-Bac ha insistido a la fiscal en el juicio que siempre se comercializó como un complemento alimenticio y ha negado que se vendiera como un fármaco o medicamento, a pesar de que en su prospecto aparecía que estaba destinado a tratamientos antitumorales y al sida. El Juzgado de lo Penal número 18 de Madrid juzga a los detenidos por la venta del fármaco a quienes se acusa de dar "una expectativa irreal" a un total de 2.030 enfermos graves. El Bio-Bac era un fármaco sin autorización sanitaria al que se le atribuían propiedades curativas contra el cáncer, la artrosis o la hepatitis. El producto comenzó a considerarse ilegal a partir de 2002 cuando el Ministerio de Sanidad paralizó su venta.

Así lo ha señalado Rafael Chacón, hijo del creador del producto, en el juicio que ha arrancado en los Juzgados de lo Penal de Madrid. En el banquillo se sientan cuatro de los responsables de la venta y distribución de este falso fármaco que se vendía para tratar el sida, el cáncer, la artrosis y la hepatitis. El juicio se prolongará hasta el próximo 2 de junio.
Chacón se enfrenta a una petición fiscal de cinco años y medio de cárcel. Se le acusa de fabricar y de vender sin licencia el falso fármaco, que comenzó a comercializarse como "una fórmula magistral" en 1997. El producto comenzó a considerarse ilegal a partir de 2002 cuando el Ministerio de Sanidad paralizó su venta a través de la Guardia Civil.
En el banquillo de los acusados se sientan Rafael C. P.; Consuelo S. B.; Enrique M.O. y Miguel E. G. por dos delitos contra la salud pública y un delito relativo a los consumidores por el registro, distribución y venta del Bio-Bac.
SIN TÍTULOS UNIVERSITARIOS
En su declaración, Rafael ha relatado que creó la empresa Chacón Farmacéutica para desarrollar la investigación que inició su padre, que era farmacéutico y veterinario. Tras señalar que carece de títulos universitarios, ha explicado que decidió seguir adelante en la creación de su progenitor y comenzó a realizar ensayos clínicos a través de subcontratas internacionales.
"Los ensayos culminaron con éxito. Pero no nos dieron el permiso --en alusión a la Agencia Española de Medicamentos--. Los ensayos demostraron su eficacia y seguridad. Entonces se comercializó como complemento dietético", ha señalado a preguntas de la fiscal.
Tras ello, ésta le ha preguntado sobre por qué en la solicitud de la patente lo describía como un fármaco destinado a la prevención de enfermedades de inmunodeficiencia, a lo que éste ha replicado que ello no implicaba entonces que en un futuro pudiera ser un medicamento.
Seguidamente, se le ha recordado que en comisaría manifestó que las indicaciones eran para enfermos del sida. "No se habla de cura, se habla de actividad. Entonces, ¿Actimel que es un complemento alimenticio o un medicamento?", le ha preguntado a la fiscal.
Asimismo, Chacón ha asegurado que el inyectable de Bio Bac nunca se llegó a vender, ya que estaba destinado solo a ensayos clínicos. "Se podía fabricar como producto biológico para uso humano. No era un medicamento ni se pretendía que fuera", ha aseverado. "¿Por qué hay gente que asegura que se inyectó el producto?", le ha insistido la fiscal. "¡Traigálas!", le ha espetado.
En la fase de cuestiones previas, los abogados han alegado que se han producido dilaciones indebidas, un extremo del que se ha mostrado a favor la fiscal. De este modo, la representante del Ministerio Fiscal ha adelantado que modificará sus calificaciones cuando concluya la vista.
ANTECEDENTES
Este fármaco se puso a disposición del público desde el año 1997 como si fuera un medicamento destinado a la prevención y tratamiento de enfermedades relacionadas con síndromes de inmunodeficiencia, autoinmunidad, procesos neoplásicos y enfermedades articulares degenerativas, entre otras.
La venta, según el fiscal, generó un evidente peligro para las personas que lo consumieron, un total de 2030 en toda España, en su mayoría aquejadas de cáncer, sida, hepatitis y enfermedades degenerativas.
El principal acusado es Rafael C.P., quien se enfrenta a una petición fiscal de cinco años y medio de cárcel como presunto autor de un delito contra la salud pública y otro contra los consumidores y una multa de 295.000 euros.
El caso arrancó en octubre de 2002 con la detención de 23 personas, de las que trece eran médicos. Se les acusaba de vender a enfermos graves este falso fármaco. Al estallar el escándalo, Rafael acusó a Sanidad de estar detrás de lo que consideraba un complot en el que incluía a la industria farmacéutica.
SIN AUTORIZACIÓN
En el escrito de acusación, el fiscal relata que un laboratorio situado en Madrid fabricaba el fármaco, a pesar de "autorizada únicamente para elaborar productos veterinarios".
El producto elaborado en los laboratorios IVEN se enviaba a una finca propiedad del principal acusado, donde personal del servicio doméstico, sin preparación alguna en manipulación de fármacos, lo envasaba, etiquetaba y almacenaba.
Para la versión inyectable de Bio-Bac el procesado contaba con una máquina encapsuladora que no garantizaba según se utilizaba las más mínimas condiciones de asepsia, con el consiguiente peligro de contaminación, como así ocurrió.
El primer lote de Bio-Bac fabricado por IVEN salió a principios de 1998. Ese año se fabricaron otros tres lotes, seis más en 1999, otros seis lotes en el año 2000, y nueve lotes en 2001. Cada lote constaba de 3.500 frascos.
El acusado Enrique M. O. trabajaba como biólogo en los laboratorios IVEN y sabía perfectamente que el producto estaba destinado a uso humano aunque los laboratorios no estaban autorizados a fabricar más producto que el destinado al uso animal; el acusado Miguel E. G. era el consejero y director general de los laboratorios, además de farmacéutico titulado, y era también plenamente consciente de que el producto iba a ser consumido por seres humanos.
A todos los pacientes Antonio Rafael C. P. les aseguraba, y así constaba en la página web desde la que se vendía el producto, que Bio-Bac tenía una eficacia terapéutica que en realidad no había sido contrastada en ningún estudio clínico, llegando incluso al extremo de afirmar que su efectividad era mayor si los enfermos abandonaban en todo o en parte el tratamiento de la medicina convencional y se confiaban en exclusiva a las virtudes terapéuticas de su producto.